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15.10.11

En América Latina la deuda educativa es con los jóvenes


A las recientes protestas en educación superior se suma el preocupante panorama de la media.

Si hubiera que señalar una urgencia común para la educación latinoamericana sería, sin dudas, la escuela secundaria.
El nivel educativo que completa la formación básica y prepara a adolescentes y jóvenes de 12 a 17 años para los estudios superiores y el trabajo concentra las mayores tasas de abandono y repitencia, muestra los resultados más preocupantes en los aprendizajes y recibe la mayor cantidad de críticas por estar desactualizado y alejado de las realidades sociales y culturales de los jóvenes que recibe.

Con distinto ímpetu, velocidad y eficacia, durante la primera década de este siglo los gobiernos de la región han empezado a intentar reformas y mejoras en la escuela media, pero en la mayoría de los países los resultados son parciales o aun poco visibles, en un escenario que pone de manifiesto las desigualdades sociales, económicas y regionales que caracterizan a muchas de nuestras naciones.

Una agenda educativa latinoamericana debería poner en segundo lugar la formación y la profesión docente, que ha estado en el centro de las disputas políticas recientes en varios países, en particular por el creciente interés de varios gobiernos en establecer evaluaciones de desempeño cuyos resultados inciden en los salarios de maestros y profesores. (Vea cómo miden la calidad educativa los países de la región)

Ser docente sigue estando, en general, mal pago y ha dejado de ser una profesión atractiva, con bajo nivel de valoración social en la mayoría de los países.

Aunque es verdad que cada vez más muchachos asisten a las escuelas de América Latina, también lo es que los resultados de los aprendizajes distan aún de ser los mejores. Por eso, van ganando atención las distintas pruebas, nacionales e internacionales (como Pisa), en las que la mayoría de los países participa, con resultados muy dispares.

Lo hacen, sin embargo, con miradas diferentes: algunos difunden públicamente sus resultados y las toman como referencia para sus propias evaluaciones, como Brasil o Chile, pero otros critican sus procedimientos, como Argentina.
Escuela media

Las dificultades del nivel medio en la región no responden solo a razones escolares, sino que reflejan las desigualdades sociales y económicas. En México, aunque la cobertura de la educación media superior pasó de 48 a 66 por ciento en la última década, solo el 45 por ciento de los jóvenes de entre 19 y 24 años concluyó ese tramo educativo, lo que pone al país por debajo de Chile (donde el 80 por ciento terminó el bachillerato); Venezuela, con el 62, y Brasil, con el 57. Pero estar en la escuela no asegura aprender: en México, luego de permanecer 12 años en el sistema educativo, 8 de cada 10 jóvenes solo saben hacer operaciones matemáticas básicas y uno de cada dos tiene niveles bajos de lectura.

En Colombia, la matrícula de la educación media ha crecido en la última década (20 por ciento), pero aún hay 428.302 jóvenes fuera del sistema, particularmente en las zonas rurales. Y las razones para dejar las aulas no son solo pedagógicas. Según la Encuesta Nacional de Deserción, figuran también dificultades académicas, maestros que enseñan en forma "aburrida" y situaciones de conflicto y violencia en el colegio. En las zonas rurales culpan a la necesidad de trabajar, la distancia de la casa al colegio y las dificultades académicas.

Razones similares se dan en Costa Rica para dejar la escuela media: desinterés en estudiar, falta de dinero, dificultad para aprender y la elección por trabajar son razones que mencionan los alumnos. En Chile, las tasas de abandono del secundario son siete veces superiores a las de la primaria. En Venezuela se enumeran críticas al nivel medio: falta de profesores, contenidos desactualizados y escasez de vacantes.
La situación de los docentes
Si la mayoría de los conflictos entre gremios de docentes y gobiernos solían deberse a los bajos salarios, en los últimos años los problemas se han dado a raíz de muchas iniciativas gubernamentales de evaluarlos y atar sus salarios y movilidad profesional a resultados. En Perú, por ejemplo, se instaló en el 2008 la Carrera Pública Magisterial, que define contratos y sueldos con base en criterios meritocráticos.

Los resultados de las primeras evaluaciones mostraron que la mitad de los maestros no pudo hacer cálculos aritméticos simples; en la última prueba, de marzo de este año, solo el 11 por ciento aprobó. En Ecuador, entre tanto, existe desde el 2009 una evaluación obligatoria de docentes en servicio, que fue también muy resistida.

En Brasil, hay pruebas de desempeño en Río de Janeiro y Pernambuco, pero en el 2012 el gobierno central implementará una prueba nacional para los docentes de niveles iniciales. En Argentina, donde el salario se define por antigüedad en el cargo, el gobierno no parece por ahora tener planes de instalar estas formas de evaluación, que ya cuentan con el rechazo público de los gremios.

En cualquier caso, la docencia sigue siendo una profesión con un bajo nivel de valoración social en la mayoría de los países de la región.

En Uruguay, la mitad de los docentes que ingresan en los institutos de formación fracasaron antes en carreras universitarias. La matrícula del magisterio se ha reducido en ese país un 30 por ciento en los últimos tres años, y en el 2010 se recibieron 100 maestros menos que en el 2009. En Puerto Rico, un estudio privado reveló que solo el 24,9 por ciento está satisfecho con su remuneración y apenas un 11,1 cree que la sociedad valora su trabajo.

Para compensar estas situaciones, en Chile, el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet creó en el 2009 la prueba Inicia como diagnóstico voluntario del nivel de preparación de los egresados en Pedagogía, que se espera instalar como obligatoria para que sus resultados determinen el nivel de salario inicial de los docentes de escuelas públicas. Este año, además, debutó la beca Vocación de Profesor, que costea el 100 por ciento de la carrera de los alumnos destacados que elijan Pedagogía.
Qué tanto nos importa la educación media
A pesar de las periódicas manifestaciones públicas de protesta y de la difusión de resultados preocupantes en los aprendizajes de los alumnos de muchos países, la educación no parece haberse instalado aún entre los problemas percibidos como los más urgentes por la mayoría de los latinoamericanos.

En la última medición de Latinobarómetro, realizada en 18 países de la región en el 2010, la educación solo recibió el 3 por ciento de las menciones como principal problema de los países y se situó en el último lugar. Por el contrario, el 38 por ciento de los latinoamericanos señaló los problemas económicos, la pobreza y el desempleo como los más urgentes, seguidos por la delincuencia.

Aunque con matices, la situación es similar si se miran sondeos realizados en los países. En Chile, una encuesta del Centro de Estudios Públicos puso a la educación en el tercer lugar de los problemas que más preocupan a los chilenos, detrás de la delincuencia y la salud. Igual posición tuvo en Brasil, según una encuesta de Datafolha: la educación apareció de tercera, detrás de la salud y la violencia.

También en Argentina suele ubicarse en tercera posición, en el grupo de los llamados "problemas sociales", con la pobreza y la salud. En los primeros lugares de las preocupaciones colectivas de ese país están la inseguridad y la inflación.


La educación aún no es una urgencia para los latinoamericanos



Apesar de las periódicas manifestaciones públicas de protesta, y de la difusión de resultados preocupantes en los aprendizajes de los alumnos en muchos países, la educación no parece haberse instalado aún entre los problemas percibidos como los más urgentes por la mayoría de los latinoamericanos.

En la última medición de Latinobarómetro, realizada en 18 países de la región en el 2010, la educación solo recibió el 3% de las menciones como principal problema de los países, y se ubicó en el último lugar. Por el contrario, el 38% de los latinoamericanos señaló los problemas económicos, la pobreza y el desempleo como las situaciones más urgentes, seguidos por la delincuencia.

La mitad de la población pide Educación, Salud y protección contra el crimen como garantías principales. Luego vienen el trabajo y la protección a la propiedad privada con un tercio de la población que la demanda. En tercer lugar, un quinto de la población demanda jubilación y protección del medio ambiente. Por último, quedan con 15% o menos el seguro de desempleo y la subvención para los pobres. 

Es interesante que los pobres estén en último lugar, y no en primer lugar. Según una encuesta de Gallup realizada en conjunto con el Banco Inter-Americano de Desarrollo (BID), los latinoamericanos están mucho más satisfechos con sus sistemas educativos que los estadounidenses, los alemanes o los japoneses, a pesar de que los países latinoamericanos figuran entre los últimos puestos en las pruebas estudiantiles y dentro de los rankings internacionales de educación.

El columnista Andrés Oppenheimer escribió el año pasado que Mientras el 85% de los costarricenses y el 84% de los venezolanos están satisfechos con sus sistemas de educación pública, sólo el 66% de los alemanes y el 67% de los estadounidenses están conformes con los suyos, dice la encuesta.

Simultáneamente, los resultados del test PISA de jóvenes de 15 años en todo el mundo muestran que mientras los estudiantes de Hong Kong, China, sacan un promedio de 550 puntos en matemáticas, los deCorea del Sur 542 puntos y los de Estados Unidos 483 puntos, los estudiantes de Brasil, México, Argentina, Chile y Perú sacan un promedio de 400 puntos, y en otros países de la región mucho menos.

Aunque con matices, la situación es similar si se miran sondeos realizados en los países. En Chile, por ejemplo, una encuesta del Centro de Estudios Públicos colocó a la educación en el tercer lugar de los problemas que más preocupan a los chilenos (38%), detrás de la delincuencia (54%) y la salud (43%). Igual posición tuvo en Brasil, según una encuentra de Datafolha: la educación apareció tercera (12%), detrás de la salud (31%) y la violencia (16%).

También en Argentina suele ubicarse en tercera posición, dentro del grupo de los llamados “problemas sociales”, con la pobreza y la salud. En los primeros lugares de las preocupaciones colectivas de ese país están la inseguridad y la inflación.

En otros países, la valoración de la educación es menor. En Perú, apareció en el séptimo lugar de nueve opciones en una encuesta de Ipsos de este año como problema más urgente, mientras en Puerto Rico ocupó el octavo puesto de las inquietudes sociales, según la encuesta más reciente de el diario El Nuevo Día. En Costa Rica, en tanto, no aparece mencionada en las encuestas como un problema nacional

GDA
Publicación
eltiempo.com