Encabezado

diciembre 24, 2017

Encuesta GDA 2017: Trump y el año en el que Estados Unidos dio un paso atrás

El 2017, su primer año, ha estado marcado por decisiones que han desencadenado serias tensiones internacionales y la aprobación más baja que haya registrado un mandatario en el país a estas alturas. Primer personaje mundial del GDA que repite de manera consecutiva.

Sergio Gómez Maseri - corresponsal de El Tiempo/Colombia/GDA - Washington

Por algunos instantes, a comienzos de este año se llegó a pensar que el Donald Trump candidato, explosivo e irreverente como ninguno, daría paso a una versión de sí mismo más atemperada y en línea con la enorme responsabilidad que viene con las llaves de la Casa Blanca.

Pero nada más distante de la realidad. En estos 11 meses que van desde que llegó a la Oficina Oval, no ha pasado un día sin que el presidente republicano se haya visto envuelto en una polémica. No solo con rivales, sino también con sus supuestos aliados.

En algunos casos, la mayoría, han sido asuntos triviales que por lo general nacen y mueren con trinos en las redes sociales. Pero otros han involucrado decisiones de gran calado y con enormes repercusiones tanto para Estados Unidos como para el resto del mundo. En especial, las que apuntan a un repliegue del liderazgo terráqueo que por décadas ha comandado Washington en temas tan sensibles como seguridad, comercio, medio ambiente y derechos humanos.

Por eso, precisamente, 143 editores del Grupo de Diarios de América (GDA), integrado por los 11 periódicos más importantes de la región –El Universal (México), El Nacional (Venezuela), La Nación (Costa Rica), El Comercio (Perú), El Tiempo (Colombia), O Globo (Brasil), El Mercurio (Chile), El País (Uruguay), La Nación (Argentina), El Nuevo Día (Puerto Rico) y La Prensa Gráfica (El Salvador)-  decidieron nombrarlo Personaje Mundial del año 2017. Una designación que también recibió en el 2016, tras ganar las elecciones de manera sorpresiva, y que lo convierte en el primero en obtenerlo durante dos años consecutivos.

Trump arrancó su mandato con dos claros objetivos en mente: imponer la agenda populista-nacionalista que lo llevó a la victoria y deshacer en su integridad el legado de su antecesor, el expresidente Barack Obama. 

Pero su inicio estuvo plagado por una serie de traspiés que le salieron costosos y, al día hoy, todavía sigue pagando.

Para la mayoría de analistas, entre ellos Yuval Levin, editor en jefe de National Affairs –una de las publicaciones más reconocidas en los círculos conservadores del país–, en gran parte, eso fue producto no solo de la naturaleza impulsiva del presidente republicano, sino del entorno que escogió para rodearse, compuesto en su mayoría por personas con muy poca experiencia política, entre ellos dos de sus hijos y su yerno, Jared Kushner.

Quizá el tropiezo más evidente de todos llegó solo días después de asumir el poder, cuando firmó una orden ejecutiva para bloquear el ingreso a Estados Unidos de musulmanes de algunos países y que desató protestas a nivel nacional y fue demandada en cortes a lo largo del país.

Más que su legalidad en términos constitucionales, fue la manera torpe como fue redactada lo que terminó causando el impase. De hecho, la Corte Suprema finalmente le dio la razón 10 meses después, pero luego de que la medida original fue retirada y corregida en dos ocasiones posteriores.

El caos de esos meses iniciales se vio agravado por la escandalosa investigación adelantada por el FBI y el Congreso para determinar si su campaña colaboró con Rusia para influir en el resultado de las elecciones del año pasado.

Trump complicó aún más las cosas cuando decidió destituir, de manera abrupta, a James Comey, el director de esta agencia. Aunque inicialmente se citaron otros motivos, el propio presidente terminó admitiendo poco después que le había cortado la cabeza por la pesquisa que adelantaba en su entorno.

Tan escandaloso fue el incidente que el Departamento de Justicia tuvo que nombrar a un fiscal especial para que se encargara de la investigación. Desde entonces, la trama rusa, que Trump niega a capa y espada, se ha posado como una nube negra que no deja de amenazar su presidencia.

A la fecha ya son cuatro las personas que se han declarado culpables o han sido acusadas en este contexto. El más relevante de todos es Michael Flynn; su exasesor de seguridad nacional admitió hace pocas semanas haber mentido al FBI sobre sus contactos con funcionarios de Moscú cuando aún Trump no era presidente en ejercicio. Y en la mira están su hijo Donald Jr., que al parecer también mintió, y Kushner. De hecho, ya se habla de que el fiscal estaría trabajando en un caso de obstrucción a la justicia contra Trump, y no han dejado de sonar las similitudes con el escándalo que le costó el puesto al expresidente Richard Nixon.

Paralelo a esto, su gobierno se ha visto marcado por una puja interna entre la facción ‘nacionalista’ que encabezaba su exasesor Steve Bannon y otra más a tono con el establecimiento republicano. Producto de ella, en gran parte, ya han salido al menos 14 funcionarios de alto rango. Todo un récord para una administración que aún no completa ni el año en la Casa Blanca.

Esa misma disputa se ha trasladado a un Congreso que pese a estar dominado por los republicanos ha avanzado muy poco en la agenda que se fijó el presidente. No pudieron, por ejemplo, ponerse de acuerdo para desarticular la reforma de la salud que se aprobó cuando Obama estaba en la presidencia y llevaban siete años criticando. 

Tampoco se movió un ambicioso plan para invertir en infraestructura ni aparecieron los fondos que Trump pidió para construir el muro en la frontera con México, quizá la promesa más recurrente en su campaña.

Solo al final, Cámara y Senado lograron ponerse de acuerdo en torno a una reforma tributaria, que cayó bien entre la base del partido, pero que ha sido cuestionada por economistas en ambos lados del espectro político, dado el impacto que tendría en el aumento de un peligroso déficit fiscal que ya se acerca al 100 por ciento del producto interno bruto. 

“El patrón normal de una presidencia suele ser un primer año productivo y, luego, un descenso paulatino hacia el agotamiento, la incompetencia y el escándalo. Es decir, este primer año de Trump parece el octavo de otras presidencias. Ya tocado el piso, quizás lo que viene sea mejor”, afirma Levin. Pero eso es siendo optimista. 

La llegada de Trump al poder ha causado toda una fractura dentro del Partido Republicano, que hoy se ve más dividido que nunca y podría hacer implosión en las elecciones legislativas del 2018, cuando los demócratas esperan recuperar al menos una de las cámaras del Congreso. 

Así mismo, su retórica antimusulmana, que ha sido tildada por algunos como racista, ha polarizado al país aún más de lo que ya estaba. 

En gran parte, de acuerdo con el premio nobel de economía Paul Krugman, la raíz de muchos de los problemas que aquejan a Trump están atados a una personalidad egocéntrica que no opera basada en objetivos de Estado sino al vaivén de su estado de ánimo. 

“El asunto con Trump no es solo lo que hace sino lo que él no es. En su mente, todo se relaciona consigo mismo y la percepción que otros tengan de él. Y gobernar desde una perspectiva guiada por el ego solo conduce a decisiones equivocadas”, dice este experto.

Y aunque Trump sigue contando con apoyo entre los sectores más radicales del país, su popularidad a nivel nacional es un signo de que los estadounidenses han tomado nota de su tumultuoso primer año. 

Según un sondeo reciente del Washington Post y ABC, solo el 37 por ciento aprueba su gestión. Y se trata del número más bajo que ha registrado un presidente a estas alturas de su mandato en lo que va de la historia de este tipo de mediciones.

Para ponerlo en contexto, actualmente, el neto de Trump (la diferencia entre los que lo apoyan y los que lo rechazan) es de negativos 22 puntos. Bill Clinton, el presidente que le sigue en la lista de malas calificaciones, tenía un positivo de 11 puntos casi una Oval.

Balance de sus seguidores

Pese a ello, desde la perspectiva de sus simpatizantes, la administración Trump ha sido fuente de buenas noticias. Entre ellas, la elección del juez conservador Neil Gorsuch en un asiento en la Corte Suprema de Justicia; los avances en la guerra contra el Estado Islámico en Siria; la eliminación de regulaciones medioambientales que muchos en el partido cuestionaban como un freno al desarrollo; la mano dura con Irán y Corea del Norte; las estadísticas en lo económico, que hablan de una bonanza en el mercado de valores y el índice de desempleo más bajo en 17 años (4,1 por ciento).

De manera curiosa, en la arena internacional es donde Trump ha sido más “exitoso” a la hora de implementar su política nacionalista. 

En lo comercial puso freno a las negociaciones para integrar la Alianza Transpacífica (TPP por su sigla en inglés) y ha forzado una polémica renegociación del TLCAN que aún está sobre la mesa y es fuente de alta tensión con México y Canadá.

Así mismo, dio reversa al sí que dio EE. UU. para el acuerdo de París sobre cambio climático, descertificó el pacto que se había alcanzado con Irán para poner freno a sus ambiciones nucleares, está enfrascado en una retórica belicista con Corea del Norte –que tiene al mundo en ascuas– y ha cuestionado en repetidas ocasiones la viabilidad de la Otán y la ONU, retirándose de la Unesco y de un acuerdo reciente sobre migrantes que llevaba la firma del planeta entero. 

Y con ese mismo propósito pidió al Congreso reducir el presupuesto del Departamento de Estado en más de un 30 por ciento y se ha abstenido de nombrar a nuevos funcionarios, pese a que casi el 60 por ciento de los altos diplomáticos de carrera han optado por abandonar el servicio exterior en respuesta a sus planteamientos en esa política.

Jerusalén, un tema crucial 

Igual de delicado, Trump anunció este mes que EE. UU. reconocerá a Jerusalén como la capital de Israel, algo que ningún otro presidente se había atrevido a decir en 70 años y que cayó como una bomba en el resto de Oriente Próximo.

Aunque el mandatario postergó el traslado formal de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén por seis meses, muchos creen que el gesto ha dejado heridas de muerte las negociaciones de paz que él mismo le había encomendado a Kushner, el esposo de su hija Ivanka. 

Todas las anteriores fueron promesas de campaña, pero su implementación ya en el terreno tiene preocupados, incluso, a miembros de su propio partido.

“Lo que estamos evidenciando es un debilitamiento real del liderazgo y la credibilidad de EE. UU. en el mundo”, es la sentencia que sin tapujos emite Nicholas Burns, subsecretario de Estado en los años de George W. Bush.

Un vacío, dice Burns, que está siendo llenado por China, no precisamente el adalid de los derechos humanos y la democracia.

Y con América Latina se viene presentado algo parecido. De acuerdo con Roger Noriega, exsubsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental también en los años de Bush, esta Casa Blanca ha prestado muy poca atención a la región tanto por falta de interés como por la propia disfuncionalidad que existe entre el Departamento de Estado y la Oficina Oval.

“Es lamentable –dice Noriega– que a estas alturas todavía no exista alguien nombrado para orquestar una política con nuestros vecinos”.

En buena medida, el año de Trump ha regresado las relaciones entre EE. UU. y la región a las épocas en las que solo Cuba y el narcotráfico eran los temas relevantes.

Si bien Noriega destaca la presión que este gobierno viene ejerciendo sobre el régimen de Nicolás Maduro y su endurecimiento con La Habana, la línea general ha sido una de conflicto e indiferencia que se ha acentuado con la decisión del presidente de acabar con el Daca, programa que permite la permanencia en EE. UU. de jóvenes que llegaron al país ilegalmente siendo muy jóvenes, y los Estatus de Protección Temporal, que hacían lo mismo para haitianos y nicaragüenses que llevaban lustros viviendo en el país.

El año que viene

Y el 2018 también pinta explosivo. No solo por los desafíos internos que enfrenta el presidente republicano, sino por el complejo ajedrez internacional que se avecina. 

En el caso de Latinoamérica, dice el exembajador Jeffrey Davidow, la retórica de Trump podría elevar los chances de Manuel López Obrador en México, lo cual podría fracturar aún más las relaciones dada las inclinaciones nacionalistas de ambos. Así mismo, la suerte de Maduro quizá también pase por la Casa Blanca, sin olvidar que el presidente republicano dejó abierta la posibilidad de una opción militar para este país si el régimen no cae y continúa la crisis. 

Pero donde hay más angustias es en torno a la situación en la península coreana, donde existe la posibilidad, muy real para algunos, de que se desate la primera guerra nuclear en todo la historia del planeta.

“La manera como ha manejado el conflicto con Corea del Norte es una de las cosas más irresponsables jamás hechas por un presidente de EE. UU. Hasta ahora, nadie ha muerto por los trinos de Trump, pero si se desata una conflagración, muchos tendrán que rendir cuentas por no haber hecho nada por impedirlo”, afirma el analista.


Lo delicado con Trump, y este año ha sido testigo de ello, es que cualquier cosa, incluso un escenario semejante, está dentro de lo viable.

Encuesta GDA 2017: Sin brújula en un mundo incierto - Análisis


Por Michael Shifter
Presidente – Diálogo Interamericano. Washington, DC

Una supuesta maldición china dice “ojalá vivas tiempos interesantes”. A juzgar por los cambios que refleja la encuesta 2017 del Grupo de Diarios de América (GDA), la maldición se está cumpliendo.  

Por segundo año consecutivo, Donald Trump está al tope de las noticias y personajes relevantes en la encuesta GDA. Un año después de su llegada a la Casa Blanca, Estados Unidos atraviesa un período de polarización social, creciente desigualdad y deterioro institucional como pocos en su historia. Trump, hay que aclararlo, es tanto causa como consecuencia de esta situación, que viene gestándose desde hace tiempo. El país vive pendiente de los infantiles tweets matutinos de su presidente, y de la investigación del fiscal especial Mueller sobre el rol de Rusia en la llegada de Trump al poder. Una combinación entre lo grotesco y sospechas de corrupción digna del tan denostado “tercer mundo”.

Pero, además, Trump parece decidido a que EEUU abandone el liderazgo global que asumió tras la segunda guerra mundial. El amateurismo de su política exterior, su rechazo a las normas internacionales más elementales y los insultos gratuitos a países aliados así lo prueban. Dos de las noticias destacadas por la encuesta GDA 2017 evidencian este lamentable estado de cosas: El manejo que ha hecho Trump de la crisis nuclear con Corea del Norte, con una retórica digna de los reality shows que hicieron famoso al presidente, y la retirada de EEUU del Acuerdo de Paris sobre cambio climático.

¿Cómo seguirá esta historia? Como señala la encuesta GDA, las elecciones legislativas de 2018 serán cruciales. Si Trump sigue teniendo el respaldo de las bases Republicanas, y los Demócratas continúan sin liderazgo ni ideas para enfrentarlo, la actual situación podría prolongarse.

Sin embargo, a pesar de las disrupciones que trajo Trump, la encuesta GDA 2017 nos muestra que el mundo siguió girando. El Estado Islámico (ISIS) es una sombra de lo que fue, aunque está siendo reemplazado por otros grupos violentos. La economía mundial crece a tasas aceptables. China y su presidente Xi Jinping parecen más que dispuestos a subir su perfil internacional para ocupar parte del espacio que deja vacante EEUU en el mundo. Y el proyecto europeo, amenazado por los nacionalismos y el Brexit, ganó un poco de oxígeno tras la contundente victoria de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales francesas. Lamentablemente, también continúan las violaciones a los derechos humanos, como lo muestra la desesperante situación de los migrantes en el mediterráneo y América Latina, y la limpieza étnica contra el pueblo rohingya en Myanmar.

En América Latina, la encuesta GDA 2017 resalta dos de los temas más importantes en la agenda: los escándalos de corrupción y el desastre venezolano. El malestar ciudadano por la corrupción se extendió por la región de forma imparable, poniendo contra las cuerdas a políticos y mandatarios de todas las extracciones políticas. El epicentro de este terremoto político fue Brasil, donde el juez Sergio Moro (personaje latinoamericano más influyente) lidera la investigación del caso Lava Jato que tiene en vilo a la clase política. 

¿Será este un antes y un después en la región, o una crisis pasajera para las elites políticas y económicas? La respuesta quedará más clara tras las elecciones presidenciales de 2018 en Brasil, Colombia y México. Hasta ahora, el resultado en estos tres casos es totalmente incierto, con un gran número de candidatos, muchos independientes por fuera de los partidos tradicionales, y mucha volatilidad. El apoyo a la democracia parece flaquear en la región, dejando amplio espacio a los populismos de izquierda y derecha. En el país más grande de América Latina, Brasil, los dos principales candidatos parecen ser el ex presidente Lula –ya condenado por el juez Moro por corrupción—y el populista de ultraderecha Jair Bolsonaro. Pocas razones para el optimismo.

Donde hay todavía menos esperanza es en Venezuela. Una vez más, la oposición subestimó al gobierno y malgastó un momento de fortaleza debido a sus divisiones internas. Con la dictadura consolidada mediante la creación de una vergonzosa “asamblea constituyente” copada por el chavismo, Nicolás Maduro refuerza su régimen en alianza con las fuerzas armadas, mientras sigue empujando al país a un precipicio económico, social y político que parece no tener fondo.

La Argentina de Mauricio Macri parece ser una de las pocas buenas noticias en la región. Reforzado en las elecciones de medio término, el mandatario argentino buscará seguir con su agenda de reformas, aunque deberá enfrentar varios desafíos económicos y políticos para lograrlo. La organización de la cumbre del G20 en Buenos Aires a fines de 2018 será una ventana inmejorable para mostrar esa “nueva” Argentina al mundo.

Las transformaciones tecnológicas, geopolíticas y económicas que vivimos actualmente derrumban viejos paradigmas y nos obligan a replantear cómo analizar la realidad. Como siempre, la encuesta GDA es un insumo fundamental para entender la magnitud de los cambios y su impacto en nuestro futuro.  

septiembre 17, 2017

Especial GDA: Situación de las cárceles en Latinoamérica recrudece la crisis de seguridad regional

Lejos de detener la delincuencia, las prisiones de la región se han convertido en escuelas del crimen. Este especial realizado por los 11 diarios GDA muestra un panorama de los centros penitenciarios y pone en evidencia los principales problemas.


Amanda Marton Ramaciotti
El Mercurio/Chile
Con información del Grupo de Diarios América (GDA*)

Uno de cada tres delincuentes de Latinoamérica reincide, la mayoría por crímenes más graves del que los condujo a la cárcel por primera vez. Muchas de las prisiones más emblemáticas de los países de la región se han vuelto verdaderas escuelas de crimen. Escuelas en las que se desarrolla una sociedad paralela, sin control del Estado, y que son uno de los factores que contribuyen a la crisis de seguridad pública que se vive en varios rincones de América Latina.
En Brasil, por ejemplo, los grupos del crimen organizado como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho nacieron en las cárceles y desde allí coordinaron y expandieron sus operaciones, llegando a montar una industria transfronteriza que se extiende a Bolivia y Paraguay.
Sus líderes Marcola y Fernandinho Beira-Mar, respectivamente, no han visto en las rejas un impedimento para llevar a cabo sus planes. Y cuando sus fuerzas y aliados se enfrentan, el saldo de las riñas es monumental, obligando al gobierno federal a intervenir con tropas. Como las que dejaron unos 140 prisioneros muertos —varios de ellos mutilados— a inicios del año.
Las múltiples fugas de las cárceles del jefe del Cartel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo Guzmán”, solo contribuyeron a alimentar su leyenda, ya que túneles, engaños y sobornos horadaron las restricciones más severas. Entre exponerse a otra huida, el gobierno mexicano se vio aliviado cuando fue extraditado a Estados Unidos.
Sin embargo, para altos mandos de organizaciones criminales, a veces es hasta mejor estar tras las rejas que en las calles. Es más seguro para ellos por ahí reciben protección frente a sus rivales. Es el caso, por ejemplo, de líderes de las pandillas Mara Salvatrucha 13 (MS-13) y el Barrio 18 en El Salvador.
Las cárceles han adquirido un nuevo significado en la región. Mientras los miembros más jóvenes de las pandillas pueden ascender de rango con más rapidez dentro que fuera, los más viejos pueden aprovechar su condena para pensar e implementar estrategias.
También hay prisiones donde las bandas carcelarias se vuelto verdaderas instituciones, con reglas y su propia versión de la historia. En Puerto Rico, hay por lo menos siete grupos carcelarios que se destacan: 27, Jibaritos, 25, Huevo, Bacalao, 31 y Ñeta. Este último tiene casi cuarenta años. Sus reglas incluyen no robar, no ver al compañero como objeto sexual y no humillar a los nuevos internos. Quienes son aceptados como miembros son instruidos en la tradición de la organización a lo largo de los años por “maestros”.

Crimen, castigo y reinserción
La inseguridad es uno de los principales temas de preocupación ciudadana como muestra la encuesta Latinobarómetro de MORI, parta fundamental de las cuentas públicas de los gobiernos y un atractivo tema de campaña para los candidatos, desde río Grande a Tierra del Fuego.
Es que Latinoamérica vive una alarmante crisis de seguridad. Es la región más violenta del planeta, fuera de las zonas de guerra. Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, la región tiene el 9% de la población mundial, pero registra un tercio de las víctimas de homicidios a nivel global y seis de cada 10 robos son cometidos con violencia.
Y la justicia no ha logrado atacar ese problema. El 90% de los asesinatos no son resueltos y las cárceles, que debieran ofrecer alternativas para que los reclusos abandonen el crimen, han fallado.
Los gobiernos latinoamericanos han implementado una serie de políticas de mano dura para capturar y enjuiciar a delincuentes. Según un comparativo de estadísticas realizado por el Grupo de Diarios América (GDA), las primeras causas que llevaron a las personas a la cárcel en la mayoría de los 11 países evaluados están el robo o intento de robo y alguna infracción a la ley de drogas. Los otros motivos que se destacan son: extorsión (en El Salvador), homicidio (en Argentina, Colombia, Costa Rica, El Salvador y Venezuela) y violación sexual (en Perú).
             Según Marcelo Bergman, director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia, con sede en Argentina, el problema de las políticas llevadas a cabo por los gobiernos de Latinoamérica es que detienen a un delincuente que rápidamente es reemplazado por otro. “El resultado es que se llenan las cárceles sin resolver el problema del delito”, comenta.
 Además, ese doble esfuerzo por capturar y enjuiciar como opción preferida para enfrentar el crimen y la inseguridad no va de la mano con una mejoría de las condiciones penales, aseguran expertos. A excepción de Puerto Rico, todos los países de Latinoamérica tienen una tasa de hacinamiento superior al 100%. En el caso de Venezuela, la cantidad de reclusos es más de cuatro veces superior al número de plazas de todo el sistema carcelario.  
Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, esos niveles de aglomeración generan una “masacre silenciosa” y agravan los problemas, como enfermedades o exposición de delincuentes menores a nuevos grados de crímenes.
El hacinamiento dificulta separar los presos según la gravedad de sus crímenes y, cuanta más gente está encarcelada, más difícil se hace para los agentes de seguridad la mantención del control y del orden. Tras el incendio de una cárcel en Chile en 2010, donde murieron más de 80 reclusos, se dio cuenta que en los mismos pabellones convivían personas que fueron detenidas por vender películas piratas en la calle con asesinos.
La sobrepoblación se vincula también con la prisión preventiva en Latinoamérica. El procesamiento de los casos puede tardar años y las cárceles se van llenando poco a poco de personas que no han sido condenadas. En promedio, 33,4% de los reclusos de la región están en prisión preventiva.
Gustavo Fondevila, académico del Centro de Investigación y Docencia de México y quien se ha dedicado a estudiar en la última década las cárceles latinoamericanas, asegura que se ha dejado de lado tres objetivos fundamentales de las cárceles: ser un instrumento de disuasión para aquellos que consideran cometer delitos; ser una herramienta de incapacitación y reducción de delitos y ser un centro de rehabilitación y reinserción social. El experto afirma que el abandono de esos objetivos debe encender las alarmas: las cárceles de Latinoamérica no pueden tener como única finalidad castigar a quien cometió algún crimen.  
“Del fondo de mi corazón, si tuviera que cumplir una condena en alguna de nuestras cárceles, yo preferiría morir”, dijo una vez ministro de Justicia de Brasil, José Eduardo Cardozo.


Proyectos de reinserción
  
Argentina: Eduardo “Coco” Oderigo, abogado penalista y ex jugador de rugby resolvió crear y ser el entrenador del equipo Los Espartanos, formado por reclusos de la Unidad 48 de la cárcel de máxima seguridad de San Martín (Buenos Aires). Desde entonces todos los martes a las 09:30 los reclusos entrenan en la cancha del penal. A través de la incorporación de los valores del deporte, el programa, que está comenzando a replicarse en otros penales del país, logró bajar notablemente la reincidencia y también los niveles de violencia en la cárcel. En 2015, la historia del equipo se convirtió en el documental “Los Espartanos: la libertad tras las rejas”.

Chile: “Mi profe de literatura es muy chistoso (…). Me dice que soy vivita, porque tomo los libros y leo los finales antes de que nos dé las tareas”, escribió la reclusa Ana Bascur, del Centro Penitenciario Femenino Mayor Marisol Estay Olivares, en el libro “Tus cárceles, nuestros relatos” (un compilado de historias realizadas por internos en talleres de lectoescritura adentro de las prisiones).
La lectoescritura se ha convertido en una de las actividades de rehabilitación en el país. Un convenio entre Gendarmería y la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (Dibam) ha inaugurado un total de 33 bibliotecas y centros de fomento lector al interior de las unidades penales, que ha incluido un plan de alfabetización digital. Solo el año pasado, se llevaron a cabo 10.996 préstamos de libros.

Colombia: En el departamento de Meta existe la colonia agrícola de Acacías, donde los internos trabajan en actividades agrícolas como parte de su reinserción. El pasado mes de julio, conciente del éxito del programa, el Ministerio de Justicia firmó un convenio para la construcción de una nueva colonia agrícola en el municipio de Yarumal, en el departamento de Antioquia.

El Salvador: Desde diciembre de 2014, el país ha implementado el programa modelo “Yo Cambio”, que posee seis componentes: Educación, Religión, Deporte, Salud, Trabajo Penitenciario, Arte y Cultura. Dentro de ellos se entregan herramientas a los presos para que se preparen para la vida en libertad. Los que participan, que en la actualidad son un 80% de la población penal, también obtienen beneficios para acortar su pena y ganar dinero con los oficios que aprenden.

Puerto Rico: Los reclusos que hayan sido condenados por delitos no violentos vinculados al uso y abuso de alcohol y sustancias controladas pueden acceder a la iniciativa Drug Court, que condiciona el cumplimiento de la sentencia a que participen y finalicen los tratamientos que ameritan. Y, cuando terminan la sentencia impuesta, su historial criminal queda limpio. De igual forma, los centros Tratamiento Residencial de Arecibo y el hogar Intermedio para Mujeres de San Juan ofrecen tratamientos contra la adicción con una modalidad multidisciplinaria.

Venezuela: El Programa Académico Penitenciario busca transformar la vida de los reclusos a través de la música, con la creación de orquestas y coros.Implementado en ocho cárceles del país, la única condición para que un preso pueda participar es no tener antecedentes de agresión a funcionarios dentro del penal. La participación del interno en el programa puede ser tomada en cuenta para la redención de su pena. Además, los reclusos que participan en las clases de música tienen otros beneficios: consultas odontológicas, consultas ginecológicas (en los anexos femeninos) y un pequeño incentivo económico.


Entrevista a Steven Dudley, codirector de Insight Crime:

“Hay que ganar los espacios políticos y sociales dentro de las prisiones”

Según el experto, los grupos criminales se aprovechan de la “falta de necesidades básicas (en las cárceles) para acumular poder”.

Amanda Marton Ramaciotti
El Mercurio/Chile/GDA

Para Steven Dudley, los Estados han dejado vacíos de poder en las cárceles que fueron llenados por criminales. Cofundador y director del Centro de Investigación de Crimen Organizado InSight Crime y analista del Woodrow Wilson Center, Dudley asegura que hay que crear mejores condiciones de vida para los presos, y así evitar que se unan a organizaciones criminales dentro de las cárceles.
—¿Las cárceles en Latinoamérica podrían ser capaces de disminuir la crisis de seguridad?
“No de la manera que están, pues a la larga generan más inseguridad. Los presos entran en contacto con criminales más organizados y en instituciones cada vez más debilitadas. Un espacio que se convierte en una escuela de criminalidad, donde hay unos PhD (doctores) del crimen que son poderosos dentro y fuera de las cárceles.
El problema es que las prisiones son el último eslabón de la cadena de justicia, entonces nadie presta atención a lo que está pasando dentro de las cárceles. Y fuera de ellas las instituciones no responden ni siquiera a las necesidades mínimas de los presos, para poder tener una vida digna. Ni hablar de la corrupción que hay.
Todo eso genera un espacio político, un espacio social donde grupos poderosos y, en este caso, grupos criminales poderosos pueden utilizar esa falta de atención, esa falta de necesidades básicas para acumular poder. Eso es lo que posibilita que grupos más poderosos, como los de Brasil, nazcan, crezcan y trabajen desde la cárcel. Eso se ve cada vez más en otros países: grupos criminales que llenan los vacíos que deja el Estado. Entonces quienes ‘gobiernan’ a los presos, son otros presos. Quienes son los que alimentan a los presos son los otros presos, quienes son los que dejan o no dejan el espacio para visitas son los otros presos, o que reciban o no reciban cosas desde afuera, son los otros presos. En ese mundo donde el Estado deja un vacío de poder que es llenado por los criminales, lo que se genera es más legitimidad para los criminales”. 
—Insight Crime ha investigado sobre las prisiones de gran parte de Latinoamérica. ¿Qué países de la región considera usted que viven las situaciones carcelarias más extremas?
“Donde hemos visto situaciones muy graves es en Venezuela, Colombia, Guatemala, Honduras, El Salvador, México y Brasil. Esos países tienen problemas muy graves, pero los demás también y se están poniendo cada vez peor. Todos los países están enfrentándose con soluciones políticas cortoplacistas de ‘mano dura’. Esa idea siempre surge porque es la manera que los políticos tienen de mostrar que están luchando contra el crimen, que no son blandos. Pero hay que pensar a largo plazo y cómo ganar esos espacios políticos y sociales dentro de las prisiones. Donde los mismos presos puedan trabajar, puedan expresarse, puedan tener cierta vida humana”.
—Finalmente, ¿qué opciones existen además de las cárceles para luchar contra la crisis de seguridad regional?

“Dejar de criminalizar algunos crímenes que ahora están considerados en los códigos penales. Por ejemplo, el consumo de ciertas sustancias es un problema de salud, no debería ser un problema criminal en muchos casos. Hay que pensar en todos los programas de prevención, creando los mismos espacios sociales para los jóvenes, abriendo más espacios de entrenamiento para ciertos trabajos, espacios de educación, pensar en las penas alternativas y programas de rehabilitación. Pero también educar a la población a aceptar excarcelados. Si no, los programas de rehabilitación no servirán para nada”.

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Publicaciones en medios del GDA:

La Nación AR:
http://www.lanacion.com.ar/2077423-reflejo-de-la-crisis-de-la-seguridad-en-america-latina

El Mercurio CL:
http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-09-17&PaginaId=4&SupplementId=0&BodyID=1

El Tiempo CO:
http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/crisis-en-las-carceles-de-latinoamerica-141060

La Prensa Gráfica SV:
https://www.laprensagrafica.com/revistas/Situacion-de-las-carceles-en-Latinoamerica-recrudece-la-crisis-de-seguridad-regional-20170923-0032.html

El Universal MX: 
http://www.eluniversal.com.mx/mundo/carceles-en-latinoamerica-y-la-crisis-de-seguridad-regional

El Nuevo Día PR:
https://www.elnuevodia.com/noticias/mundo/nota/lascarcelesenlatinoamericaseconviertenenescuelasdelcrimen-2358286/

El País UY:
http://www.elpais.com.uy/mundo/carceles-latinoamerica-recrudecen-crisis-seguridad.html

El Nacional VE:
http://www.el-nacional.com/noticias/mundo/prisiones-como-escuela-del-crimen_206646