Encabezado

diciembre 20, 2020

Personaje GDA 2020: los trabajadores de la salud

En un año marcado en todos los ámbitos por la pandemia del coronavirus el Grupo de Diarios América (GDA) quiso reconocer la labor de la comunidad médica y de los miles de trabajadores sanitarios que sacrificaron sus intereses personales y sus vidas familiares por atender a los pacientes que llegaban con una enfermedad nueva y, por lo tanto, de consecuencias desconocidas.


Estos testimonios de diez trabajadores del sector de la salud en Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, México, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela representan los esfuerzos y la invaluable labor que han realizado durante una crisis sanitaria que ha remecido la economía, la política y la vida en sociedad como la conocíamos.

Argentina

“Acá nadie flaqueó”

Para Alberto Félix Crescenti, de 67 años, director del Servicio de Atención Médica de Emergencias (SAME) de la Ciudad de Buenos Aires, la pandemia ha sido el desafío más complejo de su larga carrera. “Fue algo absolutamente inesperado a nivel mundial”, aunque agrega que el equipo que conduce, tanto en recursos humanos como materiales, estaba listo para hacerle frente al covid-19.

Y aunque los casos mermaron, hubo un gran número de pérdidas humanas.

Pese a las dificultades, Crescenti cree que el equipo se ha fortalecido: “Lo positivo es tener un sistema como este, integrado por profesionales de excelencia. Es un equipo sufrido, con mucha entrega y mucha mística. Cuando te enfrentas a algo desconocido, hay que tener lo que se necesita para enfrentarlo, porque el miedo está, uno piensa en la familia, pero acá nadie flaqueó”.

Se confiesa ansioso por la llegada de una vacuna, mientras alerta que la pandemia no ha terminado y que sería difícil volver a implementar una cuarentena estricta en un contexto de mucho cansancio psicológico y económico. “El equipo médico va a ser de los primeros en vacunarse. Estamos expectantes a la información que nos entregue nuestro ministro de Salud para definir qué vacuna nos damos, debe ser segura, este equipo no puede caer”.

Alejandro Horvat, La Nación


Brasil

“Es necesario demostrar cómo funciona el proceso científico”

La microbióloga Natalia Pasternak se volvió una de las voces centrales de la campaña de la comunidad científica brasileña contra la desinformación sobre la pandemia que salía del gobierno de Jair Bolsonaro. Durante el año fue una comunicadora científica de inaudita intensidad, con la urgencia de alguien que sabe que ese trabajo salva vidas.

“La principal dificultad de difundir ciencia durante la pandemia fue la avalancha de desinformación generada por fuentes oficiales y que justo por ello tienen credibilidad, como el gobierno federal y el Ministerio de Salud”, cuenta Pasternak.

Escribió posts y grabó videos destacando la importancia de medidas básicas para impedir la propagación del coronavirus, al tiempo que creó eventos virtuales de información científica sobre el Sars-CoV-2 que reunieron algunas de las mentes científicas más brillantes de Brasil. “No es suficiente refutar a las autoridades. Es necesario demostrar cómo funciona el proceso científico, es decir, como se hace la ciencia”, aclara.

Pasternak, de 44 años, es directora-presidente del Instituto Questão de Ciência, que maneja la educación científica centrada en la formulación de políticas públicas. En octubre, fue la primera brasileña elegida para integrar el Comité para la Investigación Escéptica, organización que combate la pseudociencia internacionalmente.

También es investigadora en la Universidade de São Paulo (USP) y miembro del Equipo Halo, iniciativa de Naciones Unidas que reúne a profesionales que trabajan en el combate a la pandemia. “Cada persona que lleva la mascarilla puesta, que ha dejado de creer en la cloroquina y confía en las vacunas me hace pensar que ha merecido la pena”, dice.

Renato Grandelle, O Globo


Chile

“Hasta su último suspiro”

Astrid Jerez Pinilla es una enfermera clínica especialista en alivio del dolor y cuidados paliativos que pasó de tener pacientes ambulatorios a trabajar tiempo completo con hospitalizados por covid-19 en el Hospital Barros Luco Trudeau (San Miguel, Santiago de Chile). En ese centro médico de alta complejidad, que atiende a 1,3 millones de personas, se instaló la primera Unidad de Cuidados Proporcionales (UCP) para este tipo de pacientes en el sistema público chileno.

“Esto marcó un desafío personal enorme, porque además de recibir las capacitaciones a nivel institucional, volví a estudiar y repasar protocolos. Todo esto, con una sensación de miedo y angustia, porque no sabía a lo que me iba a enfrentar y por mis hijos, de 2 y 4 años”, dice.

Una vez que pudieron poner en pleno funcionamiento la UCP pudo “interiorizar a mis colegas en el mundo de los cuidados de fin de vida”.

“En este período fue donde empecé a ver lo más duro de la pandemia: la soledad de la muerte. En nuestro equipo, para humanizar la atención y acompañar a quienes se encontraban en su fase final, establecimos —mediante el uso de tecnología y llamadas diarias a los familiares—, un puente con ellos, entregándoles información oportuna. Incluso se permitió que los más cercanos —bajo estrictas medidas de seguridad y siempre que se pudiese— visitaran a los pacientes”, relata Astrid.

“Esto creo que ha sido lo más agradecido por las familias y, en lo personal, uno de los aspectos más positivos de esta pandemia, porque sentí que efectivamente era un aporte en ese servicio y porque acompañamos a las personas, desde su llegada al hospital, hasta su último suspiro”.

Max Chávez, El Mercurio



Costa Rica

“A ninguno nos pasaba covid por la cabeza”

Era un miércoles de marzo. La especialista costarricense en Medicina Interna e Inmunología, María Paz León Bratti, recibió en su consultorio privado a un colega suyo, por un problema alérgico. “Venía febril y cuando lo examiné tenía una franca neumonía”, recuerda. Ni la mascarilla era obligatoria, ni se hablaba del distanciamiento físico y las noticias de la enfermedad eran solo del extranjero.

“Me contó que venía llegando al país. Estaba desaturado, le recomendé antibióticos y que se vigilara, pero a ninguno nos pasaba covid por la cabeza”, recuerda.

A los pocos días ese paciente sería identificado como el “caso cero” en Costa Rica y después como un “super diseminador” porque en el hospital donde trabajaba como ginecoobstetra contagió, sin saber que tenía la enfermedad, a decenas de personas.

León Bratti también se contagió en la primera atención al “paciente cero”. Se autoconfinó durante cuatro semanas y no desarrolló una enfermedad grave.

Su paciente y colega falleció en abril. Fue de las primeras víctimas mortales por causas relacionadas a la covid.

Nueve meses después, León Bratti sigue vinculada al combate a la pandemia y coordina las unidades que atienden a estos enfermos en el Hospital México, donde llegó el “paciente cero”.

La especialista, quien ha trabajado durante varias décadas con personas infectadas con VIH, considera que esta pandemia ha enseñado la importancia de la responsabilidad en el cuidado personal. “Aquí le aconsejamos a los pacientes: aunque estén mal crean que van a salir. Hay que ser muy positivos y enfrentar la enfermedad con optimismo”.

Angela Avalos, La Nación


El Salvador

“Tuvimos que ingeniarnos en coordinación con otras disciplinas”

Lo más doloroso de la pandemia, dice el infectólogo Jorge Panameño, ha sido “ver pacientes que fallecían, otros que estaban en el suelo esperando una cama. Ver a los colegas clamar por equipo para protegerse, saber de los trabajadores de la salud muertos en el cumplimiento de su deber porque les faltó equipo para protegerse, o atención una vez enfermos”. El médico salvadoreño recuerda también el costo emocional que significó la muerte de familiares y colegas.

Habla de las dificultades que el personal de la salud ha tenido en El Salvador, donde “no pudimos unir esfuerzos, por más que intentamos, con el sistema de salud estatal, para poder aportar la experiencia que los años de ejercer nos han permitido acumular” a lo que se sumó la falta de camas hospitalarias, tanto en el ámbito público como en el privado. “Tuvimos que ingeniarnos en coordinación con otras disciplinas como la enfermería y la terapia respiratoria para dar atención a domicilio”.

Pese a las carencias y al sacrificio de postergar a su propia familia para poder atender, reconoce algo positivo en la atención a sus pacientes, al ver que “se recuperan después de pasar periodos especialmente críticos, y vuelven con sus familias”. Y destaca que hoy la experiencia acumulada “nos ha servido mucho para colaborar aún más”. “Con esta enfermedad cada día aprendemos algo nuevo, pasarán muchos años antes de poder manejar todos los aspectos que involucra”, sostiene.

Mariana Belloso, La Prensa Gráfica


México

“Uno es el medio de comunicación” entre los pacientes y su familia

Ivalu Arcelia Carmona Campos es médico urgencióloga y está orgullosa de pertenecer al personal de salud que combate la pandemia. Y su entrega en estos nueve meses de batalla sanitaria en México le valió la condecoración con la medalla Miguel Hidalgo, en Grado Cruz. La urgencióloga no se ha contagiado, aunque sí padeció un trastorno de angustia. Su esposo, de la misma profesión, sí se contagió, y estuvo delicado.

Para ella, la mejor parte es cuando un paciente con coronavirus mejora, sobre todo en los casos más graves. Pero también está el otro lado de la moneda: “Es triste y te sientes frustrado porque no puedes hacer más, ya la enfermedad está tan avanzada que aunque los intubes sus pulmones están fibróticos y no tienen capacidad para recibir el volumen adecuado de aire del ventilador”, explica.

La doctora Carmona, madre de una niña de 10 años, comenta que entre las cosas más difíciles está el impedimento de visita de los familiares a los enfermos, porque las personas no se pueden despedir de sus seres queridos. Por eso celebra que se hayan implementado medidas de las que ella fue promotora, como las llamadas telefónicas o videollamadas.

“Uno es el medio de comunicación. Muchas veces presto mi teléfono y si el paciente está estable me retiro… pero cuando están graves estoy presente, ante cualquier duda de un familiar. Es cuando me ha costado mucho trabajo porque hablando con el familiar se me quiebra la voz, es muy difícil explicarles enfrente del paciente que está grave, pero a veces es lo que uno quiere, lo pide, hablar con un familiar porque no sé si después de intubarme voy a salir adelante o no”, dice.

Perla Miranda, El Universal


Perú

“No tomarnos nuestro tiempo nos ha hecho mucho daño”

Un video recorrió WhatsApp y Facebook. Tenía información real, verificada. Era el infectólogo Juan Carlos Celis, jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital Regional de Loreto, compartiendo las lecciones aprendidas en Iquitos y señalando cómo la estrategia dictada desde el Ministerio de Salud no era la más adecuada, menos para localidades tan lejanas como las de la Amazonía.

“Respondimos lento, tarde y, muchas veces, mal. Es una crisis de salud pública que ha puesto en crisis todo lo demás, incluida la ciencia (…) Nos hemos sometido a una especie de miedo, susto y desesperación que nos ha hecho flexibilizar el rigor del que normalmente alardeamos en la ciencia. No hemos vivido epidemias como esta en muchos años y supongo que eso es lo que hace que en muchas partes se esté sintiendo lo mismo”, dice.

Reconoce que en esta pandemia se pudo hacer mucho más. “Por desesperación y premura me dediqué solo a atender y no a sacar, más rápido de lo que yo hubiera querido, una enseñanza. Ese mes y medio que demoré en darme cuenta de los errores que estábamos cometiendo, creo que pudieron haber sido solo dos semanas si hacía un estudio simple, dividiendo a los pacientes en dos grupos, viendo a quién le doy y a quién no (un tratamiento). Era una situación nueva y no nos dimos cuenta de que no estábamos haciendo bien en administrar medicamentos con desesperación. Por eso mi posición es firme: no estoy de acuerdo con quienes dicen que no hay tiempo. Por el contrario, creo que no tomarnos nuestro tiempo nos ha hecho mucho daño”, reflexiona.

¿Si llega una segunda ola hoy estarían preparados? Celis le tiene miedo a esa palabra, pero reconoce que están mucho mejor que a mediados de año. Sin embargo, sabe que no se puede bajar los brazos y que la amenaza sigue dando vueltas.

Bruno Ortiz Bisso, El Comercio


Puerto Rico

“Vale más una onza de prevención que una tonelada de tratamiento”

Todo comenzó en abril con unos vehículos con altoparlantes educando sobre el covid-19 en Villalba, un pueblo cerca del centro de Puerto Rico. Pero para la epidemióloga Fabiola Cruz (28 años) no era suficiente: el mejor plan para enfrentar la enfermedad era identificar a los infectados, rastrear contactos y hacer pruebas.

“Leí la respuesta de Singapur a la pandemia y comencé a buscar el protocolo de rastreo de contactos y el protocolo del ébola. Lo adopté a los períodos de incubación y al período infeccioso del coronavirus y se lo presenté al alcalde”, relató Cruz, candidata a un doctorado en Microbiología Médica.

El Sistema de Rastreo de Contactos Municipal arrancó un jueves y 24 horas después identificó al primer contagiado. Ante la ineficiencia del gobierno estatal para rastrear a los contactos, la iniciativa de Cruz se replicó en los 78 pueblos de la isla y ahora cuenta con sobre 600 empleados y un presupuesto de casi US$30 millones.

La epidemióloga de 28 años confesó que lo más doloroso de la pandemia ha sido no poder ver a su familia por tres meses. A eso se sumó el día cuando supo que su marido se infectó y presentó síntomas; de inmediato, ella se aisló y no se contagió.

Lo positivo de la pandemia, según la experta, es que Puerto Rico y el mundo reconoció la importancia de la salud pública. “Como dicen, vale más una onza de prevención que una tonelada de tratamiento”, acotó.

José Orlando Delgado Rivera, El Nuevo Día


Uruguay

“Ayudar es un deber”

A fines de marzo Uruguay daba los primeros pasos en su lucha contra el coronavirus, con la ventaja de haber tenido su primer caso con cierto retraso y haber podido aprender de las experiencias de otros países.

A nivel local la situación estaba bajo control pero un crucero con más de 200 personas anunció que muchos de sus pasajeros tenían síntomas de covid-19. El “Greg Mortimer,” un barco turístico con pasajeros de más de 10 nacionalidades, navegaba desde Argentina buscando un puerto en el que le brindaran asistencia.

Tras fondear a 20 km del puerto de Montevideo, comenzó el operativo para realizar un corredor humanitario que permitiera a los pasajeros volver a su país. Pero antes se necesitaba un informe sanitario y la única forma era subir médicos a bordo.

“Ayudar es un deber, nuestra formación lleva a que sea algo natural. Es nuestro deber ético y moral ayudar”, asegura Cibeles Franchi, una de las médicas intensivistas que aceptó el desafío y junto a una delegación uruguaya navegó hasta el crucero y subió a atenderlos y dar un reporte.

Los médicos realizaron su análisis, atendieron y desembarcaron a los necesitados y días después el barco pudo llegar al puerto. Un tripulante fue internado y falleció. Los demás retornaron a sus países.

“Gracias Uruguay”, pintaron en una sábana dos de los pasajeros cuando el Greg Mortimer llegó al puerto de Montevideo.

Faustina Bartaburu y Mateo Vázquez, El País


Venezuela

“Es imposible olvidarla”

María Graciela López, infectólogo pediatra, presidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología y profesora de postgrado de Infectología Pediátrica, dice que pese a las carencias –reforzadas por la crisis interna que Venezuela arrastra hace años– la pandemia consolidó su vocación. “El haber tenido la oportunidad de estar aquí y atender a los pacientes venezolanos en esta pandemia ha sido una bendición. Yo no cambiaría estar en ninguna parte del mundo”.

“Nuestro sistema de salud está desmantelado, con una capacidad de respuesta disminuida; hay desabastecimiento en varios rubros importantes, que no son solo medicamentos; sin hablar del personal de salud, que es cada vez menor en el sector público y con unos sueldos que no permiten la subsistencia; con una infraestructura deteriorada y sin servicios básicos”, comenta.

Para la doctora López, ha sido muy doloroso ver familias que se hospitalizaron y no salieron completas porque falleció alguno de sus miembros e insistió en la afectación en el aspecto psicológico y psiquiátrico: “El aislamiento estricto del paciente y la falta de contacto con sus familiares fueron muy duros. Nos tocó tratar a los pacientes emocionalmente”. Agregó que fue muy triste palpar la soledad de muchos adultos mayores ya que sus “hijos y familiares cercanos están fuera del país”.

López destaca el trabajo de las agencias internacionales y de ONGs que han facilitado muchos de los equipos de protección de los trabajadores de la salud, y resalta lo satisfactorio que ha sido el trabajo en equipo, ayudado por la tecnología.

Y aunque por momentos parezca que hay una salida pide no bajar la guardia. “Hemos vivido el impacto de esta enfermedad. Es imposible olvidarla”, subraya.

José Gregorio Meza, El Nacional


Más Información:

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noviembre 30, 2020

Especial GDA: América Latina podría enfrentar la mayor desigualdad en décadas

Se estima que al finalizar el año, la región retrocederá 14 años en los niveles de pobreza.

Ana María Montoya y María Teresa Santos - Especial para el GDA

América Latina y el Caribe sigue siendo la región más desigual del planeta. Según cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), siete de los 20 países más desiguales del mundo se encuentran en este territorio.

Superar la desigualdad no solo implica disminuir las brechas en el acceso al ingreso que tienen las diferentes poblaciones de un país, también cuenta el acceso a la salud, la educación y a una vivienda digna, entre otros factores. Y si bien se debe reconocer que la adopción de políticas sociales y económicas ha contribuido a mejorar estos índices, ha habido un estancamiento desde principio de siglo, al que se sumó el impacto del covid-19.

Para Luis Felipe López Calva, subsecretario general de la ONU y director regional para América Latina y el Caribe, el análisis debe hacerse desde una perspectiva histórica. “La historia de Latinoamérica y el Caribe es, lamentablemente, de desigualdad desde su inicio en la Colonia y la Independencia, porque se dio en un contexto de desigualdad de poderes, de distribución de activos, de tierras, por ejemplo”, explicó el director.

Y de manera persistente, estas desigualdades se han mantenido con el tiempo; por dar un ejemplo, en la región, el 10 % más rico captura el 54 % de los ingresos nacionales de cada país, indicador que se convierte en una de las principales razones de la desigualdad.

Conocer las desigualdades y ponerlas en la agenda de los países de América Latina es un paso para enfrentarlas. Esa es, precisamente, la invitación que les hizo la Fundación Pvblic a los 11 medios de comunicación del Grupo de Diarios de América (GDA), a los influenciadores, gobiernos, multilaterales y empresas privadas y ciudadanos en general, en el marco del proyecto #LatinosUnidos.

Clase media sin consolidar

Aunque desde 2003 hasta 2008, 72 millones de personas ingresaron a la clase media (la pobreza se redujo casi a la mitad), no todos los que salieron de esta situación alcanzaron seguridad económica, y como resultado uno de cada tres latinoamericanos es vulnerable a caer en la pobreza.“Somos una región de ingreso medio, pero no hemos podido consolidar naciones de clase media”, enfatizó López Calva.

Como si fuera poco, la sorpresiva pandemia va a aumentar las desigualdades. Por ejemplo, parte del problema está en la educación si se tiene en cuenta que en América Latina, menos del 30 % de los estudiantes más vulnerables de secundaria tienen acceso a un computador en el hogar. Y precisamente en la educación está la base para poder tener empleos formales.

En ese sentido, en tiempos de covid-19, la mayoría de los trabajos que se pueden desarrollar desde la casa requieren ciertos niveles de formación. De modo que quienes no tienen acceso a la conectividad y a la educación podrían quedar a expensas de la informalidad. Precisamente, según datos del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) y del Pnud, en la mayoría de los países de la región más del 70 % de los trabajadores que están en el quintil más pobre (Q1) trabajan en el sector informal.

Según António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, el ‘Informe de políticas sobre el impacto en América Latina y el Caribe’ prevé la mayor contracción económica de la región en un siglo.

Mujeres con más cargas

Aunque se esperaba que la tasa de pobreza de las mujeres disminuyera en un 2,7 % entre 2019 y 2021, las proyecciones apuntan a lo contrario: aumento del 9,1 %.
A esto se suma que con la pandemia, las labores de cuidado, que por años han hecho las mujeres de la región, se triplicaron, lo cual provoca que tengan que abandonar sus trabajos o dedicarse a actividades informales.

Según ONU Mujeres, el covid-19 ha hecho que la participación femenina en el mercado laboral esté volviendo a niveles de hace más de una década, sumado a que las mujeres están sobrerrepresentadas en el sector informal en todos los países de la región.

Y, como si fuera poco, según datos del Pnud, en los países de la región hubo un aumento de entre el 20 y el 50 % en las llamadas a las líneas de ayuda y denuncia por violencia de género durante la pandemia.

Pero estas no son las únicas brechas en el ámbito de la desigualdad de género, la pobreza también afectará más a las mujeres; para el 2021, por cada 100 hombres jóvenes que vivan en pobreza extrema habrá 118 mujeres en esta condición.

Algunos desafíos de la región

En contraste, América Latina y el Caribe ostentan la tierra con mayor biodiversidad, riqueza hídrica, cultural, gastronómica y turística, entre otros aspectos. Esos activos, sumados a la resistencia propia de los habitantes de los países que conforman la región, serán ese escudo para sortear desafíos como el de la pobreza, raíz de las desigualdades.

Así, la tasa de pobreza podría subir hasta un 7 %, lo que haría que el 37,2 % de la población de la región, 230 millones de personas, quedara en esta situación, que es uno de los desenlaces de la crisis del mercado laboral.

Datos de la Cepal indican que el cierre de 2,7 millones de empresas formales terminó en la pérdida de 8,5 millones de empleos en la región.

“La pandemia ha hecho muy evidente la desigualdad en general; políticamente, la desigualdad se debe poner en el centro”, enfatiza López Calva, y asegura que lo que viene de aquí en adelante son los retos para salir de la crisis y cerrar las brechas aprovechando las potencialidades de la región.

“Se debe recuperar el empleo, hacer énfasis en las poblaciones vulnerables, formar capital humano vía sistema educativo. También es muy importante hacer una gran inversión en el área digital que permita cerrar brechas y garantizar la inclusión financiera. Tratar de hacer que esta crisis no debilite más la confianza de los ciudadanos en las instituciones y pensar en lo público como lo colectivo”, advirtió el alto funcionario de Naciones Unidas.

Entre los desafíos, es urgente recuperar y fortalecer el mercado laboral. Según los indicadores del Consejo de Empresarios Iberoamericanos (Ceib), uno de cada cinco trabajadores podría encontrarse en situación de desempleo por la pandemia. “Para poder superar esta crisis con garantías, debemos recuperar la agenda de la integración, potenciando las cadenas regionales de valor y fortaleciendo el comercio intrarregional”, señala Narciso Casado, secretario permanente de la Ceib.

Y precisamente esa integración, que es una de las únicas salidas para superar la desigualdad, debe hacerse con todos los actores, especialmente con los jóvenes, pues se estima que el 16 % de esta población, en el mundo, quedó sin empleo por la pandemia.

El camino es la innovación, la tecnología y la solidaridad. “Los jóvenes son creativos e innovadores, y tienen la capacidad de imaginar soluciones diferentes a problemas que la región tiene de tiempo atrás”, concluyó David Gereda, director de One Young World para América Latina.

Un proyecto que invita a la unión

Ante los desafíos de desigualdad que enfrenta América Latina y el Caribe, relacionados con desempleo, hambre, equidad de género, salud y educación, ahora más que nunca se hace necesario propiciar espacios de unión en la región para avanzar como comunidad.

Por eso nace el proyecto #LatinosUnidos por la Igualdad, que une a líderes, medios de comunicación, organizaciones de todos los sectores y a la ciudadanía para generar conciencia y contribuir, a través de acciones concretas, a la reducción de la desigualdad.

Hoy, #LatinosUnidos da un primer paso inspirando este informe que invita a la reflexión sobre los desafíos que tendrá la región para enfrentar las desigualdades, en alianza con el Grupo de Diarios de América (GDA).

Este es un abrebocas para una serie de actividades que se realizarán durante el año 2021 y que buscan dar a conocer iniciativas privadas y públicas que son ejemplo e invitan a trabajar en unión por la equidad de la región.

Más información:

O Globo BR:

julio 26, 2020

2da Encuesta Covid-19 GDA/Tendencias Digitales: Latinoamericanos, más comprometidos con cuidarse, pero más pesimistas con sus gobiernos

Después de casi cuatro meses de aislamiento social y más de 140.000 muertes en América latina y el Caribe, el Grupo de Diarios América (GDA), en alianza con Tendencias Digitales, revelan los resultados de la segunda encuesta sobre la percepción de los latinoamericanos frente al Coronavirus. Salud y Economía siguen siendo sus mayores preocupaciones.   

Guillermo Reinoso/ El Tiempo/GDA

La capacidad de los ciudadanos latinoamericanos para adaptarse a las nuevas condiciones de vida se ha puesto a prueba con los aislamientos en las casas, como medida efectiva para reducir la velocidad de contagio del virus del Covid-19, pero al tiempo persisten con mayor fuerza sentimientos de ansiedad, tranquilidad o incluso de incertidumbre sobre la duración de la crisis.

Esa difícil situación, no obstante, no ha sido excusa para que hoy valoremos más algunas cosas que, si bien son esenciales, de pronto antes de la pandemia no encabezaban la lista de prioridades, como la salud, la familia, la capacidad del sistema de salud, el ahorro o las relaciones interpersonales.

Estas son algunas de las conclusiones de la segunda de tres encuestas realizadas por Tendencias Digitales, en alianza con el Grupo de Diarios América (GDA) y otros medios de la región, con el propósito de indagar cómo los consumidores digitales se han visto afectados por la cuarentena en su rutina diaria y hábitos de consumo.

La medición se hizo entre el 15 y el 30 de junio de 2020, con una muestra 8.191 internautas mayores de 15 años, distribuidos de forma equitativa para las generaciones Baby Boomers, Generación X y Millennials. Las encuestas se efectuaron en 13 países de América Latina a través de invitaciones vía correo electrónico y colocando banners en los medios digitales del GDA. El estudio tiene un nivel de confianza del 95 % y un error muestral de 3 %.


El estudio revela que la gran mayoría de los consultados cumple con las medidas de aislamiento y apenas el 4 % las incumple o desconoce su existencia. Entre quienes han seguido al pie de la letra las decisiones sanitarias un 13 % cumple a cabalidad, sin salir de casa; un 20 sale sólo para adquirir productos de primera necesidad o por trabajo, y un 63 % únicamente para la consecución de artículos esenciales y realizar actividades permitidas. 

Este resultado se mantiene similar frente a la primera encuesta y se destaca Brasil, con el porcentaje más alto respecto de internautas que declaran cumplir todas las medidas; le siguen Panamá y Honduras.

Ante la pregunta qué tan de acuerdo está con que se levanten las medidas de aislamiento social en tu país, un 64 % rechaza esta posibilidad y un 36 la respalda. En este punto sobresale Chile, con 49 % en "muy en desacuerdo", y en la otra orilla está Brasil, con un 18 %. Cabe señalar que el país austral intentó reabrir gradualmente sus actividades y ante la disparada del contagio, debió volver al encierro.

La familia sigue siendo el principal círculo de compañía en la pandemia, y con un menor porcentaje aparecen la pareja y luego los padres y hermanos o no se comparte con ninguno. Se destacan Puerto Rico, que mantiene el mayor porcentaje de personas que pasan la cuarentena solos, y Brasil, con un 25 %, con padres o hermanos. En Uruguay tiene mas peso la pareja y en Panamá, la pareja y los hijos.

Las preocupaciones
En la misma línea, las mayores preocupaciones que genera la crisis por el coronavirus en los latinoamericanos están la salud de la familia, la duración de la pandemia, el impacto en la economía, el funcionamiento del sistema salud y la falta de información veraz, manteniéndose así el mismo orden con respecto de la primera medición.


La salud les preocupa más a los internautas de Honduras, México, Panamá, Puerto Rico y Perú, con más del 80 %, superando el promedio regional. La duración de la crisis es importante para los encuestados en Brasil, Costa Rica, Chile, Puerto Rico y Venezuela, con niveles superiores al promedio regional (60 %). En Colombia, Costa Rica, Chile, Honduras y Venezuela se destaca el impacto en la economía. Y el funcionamiento del sistema de salud es preponderante en Honduras y Venezuela, con 71 % y 65 %, respectivamente. La falta información veraz sobre sale frente al promedio de la región en Venezuela.

Ante la pregunta de cómo te sientes con respecto al aislamiento social o cuarentena, la segunda medición muestra en los cinco primeros lugares las emociones de ansiedad, tranquilidad, tensión, optimismo y melancolía. Brasil figura como el país con mayor ansiedad y melancolía (62 % y 35 %, respectivamente). Chile presenta el porcentaje más alto en cuanto a sentirse tensos (39 %) y se destaca Ecuador, con el mismo porcentaje para optimismo. 

El orden de las emociones se mantiene con respecto a la medición pasada. Sin duda el aislamiento también lleva a extrañar algunas cosas que teníamos antes y que hoy valoramos más y queremos hacer una vez termine esta crisis. 

Al salir de la pandemia, un 67 % de los internautas declara que espera disfrutar más de sus relaciones, un 54 % revisará con más detenimiento sus compras, un 49 % le dará más importancia al ahorro, un 46 % dedicará más tiempo a la familia y un 46 %, al ejercicio físico. 

Se destaca en los brasileños disfrutar más las relaciones (77 %), los ecuatorianos preferirán revisar sus compras (63 %) y los hondureños darán más importancia al ahorro (70 %).

Y las primeras actividades que se esperan realizar en el primer mes del fin de la pandemia, que también se podrían considerar como las cosas que no se pudieron hacer por el aislamiento social, están encabezando el escalafón visitar amigos y familiares, volver a la oficina y hacer ejercicio. En la primera mención se destacan argentinos y chilenos (69), en la segunda, los salvadoreños (58 %), y en la tercera, los brasileros (46 %). 

Armando Silva, reconocido filósofo y semiólogo colombiano, destaca que los ciudadanos latinoamericanos cada vez se sienten más comprometidos con cuidarse y que el motor de esa actitud es el miedo. 

“Este hace lo que no han logrado las campañas institucionales”, dice. Y frente a que se valora más la familia, los amigos, los compañeros e incluso el trabajo, destaca que son “fuentes primarias” a las que nos acogemos y apoyamos “por la inseguridad” que sentimos. “La salud aparece como el primer lugar de las preocupaciones, muy por encima de los demás temas, y ello mismo hace que el cuerpo médico reciba en la pregunta de instituciones una puntuación muy superior a las demás”.

El autor de los Imaginarios Urbanos agrega que a nivel de las emociones parece que los encuestados “se prometieran que ahora van a portarse bien. En ello hay un sentimiento religioso que mezcla culpas con promesas: prometen comida sana, ejercicios, ser caseros”.

El estudio de Tendencias Digitales para el GDA, resalta las perspectivas de futuro que se detienen para después del Covid-19. La medición revela una reducción en 5 puntos porcentuales de la confianza (que se ubica en 42 %) y un aumento en enfocarse en el "ahora" (12 %), en comparación con la primera medición. Un 46 % considera que en el futuro nada será igual y no sabe cómo estará. Los más confiados son los uruguayos, con un 60 %, y los argentinos son a quienes menos les preocupa.

Al respecto, Silva dice que el futuro es el otro lado de la crisis por el covid-19 en la región. “El futuro es la libertad y el no futuro es más pandemia”.

Duros con el gobierno 
La encuesta muestra un decrecimiento del 16 % -frente a la primera muestra- en la evaluación de los gobiernos nacionales frente al manejo que le han dado a la crisis del coronavirus. Solo un 21 % de los internautas latinoamericanos la califica como "muy buena y buena", y un 51 % dice que es "mala y muy mala". El país que tiene una mejor evaluación de la actuación de su gobierno es Costa Rica, con 86 % como "muy buena y buena", mientras que el del mayor porcentaje de menciones negativas es Brasil, con 87%. Allí la relación entre la ciudadanía y los medios con el gobierno ha sido particularmente tensa.

La politóloga e internacionalista Sandra Borda, dice que la reducción en la calificación de los gobiernos nacionales es producto de la conjunción de dos factores: un aumento del contagio y un deterioro de la situación de la economía. 

“De un lado, no hay un camino claro hacia la resolución del problema de la pandemia y, adicional, la situación económica de la gente tampoco se está recuperando -asegura-. Quedamos entre dos mundos, dos escenarios, y no estamos siendo exitosos ni en una cosa ni en la otra. La gente está empezando a tener la sensación de que el tiempo invertido en la cuarentena no sirvió”, explica la profesora e investigadora del Departamento de Ciencia Política de la prestigiosa Universidad de Los Andes de Colombia.

Borda cita como ejemplo de su análisis lo que pasa hoy en Estados Unidos, Brasil y Colombia, que, en su opinión, es todo lo contrario a lo que ha vivido Europa. “El contraste es grandísimo. Ellos se confinaron y hoy tienen una reducción en el contagio y en el número de muertos. Entonces dicen: ‘valieron la pena el encierro y los muertos’”.

Cuando se compara el manejo de la crisis frente a otros países de la región, los internautas consideran que ha sido "peor". Así lo piensa el 53 %, cinco puntos porcentuales más que en la primera medición. La percepción sobre si el manejo de la crisis ha sido mejor que en los otros países también se deteriora, pues la percepción ciudadana cae de 31 % a 26 % entre la primera y segunda medición.

Silva, sin embargo, dice que la reducción en la calificación a la actuación de los gobiernos refleja “pérdida de optimismo” y que si se comparan los cuatro países más grandes de la región, le va peor a México y Brasil, y mejor a Colombia, con una calificación entre "regular" hacia "bueno" de 74 %. Luego le sigue Argentina.

Ante estos resultados, Omar Oróstegui, experto urbanista y exdirector del programa Bogotá Cómo Vamos, considera que la gente demanda de los gobiernos soluciones y son más críticos con ellos. “Hoy los ciudadanos confían en los expertos antes que en los líderes políticos. Eso va a transformar la forma de hacer política y de gobernar”, dice Oróstegui.

Considera también que “la confianza en las instituciones de gobierno será crucial para superar la pandemia” y que “el control social y la veeduría a los datos y la información oficial ayuda a legitimar mejor las decisiones de gobierno”.

En efecto, la segunda encuesta de Tendencias Digitales, en alianza con el GDA, frente a la primera refleja una disminución del 18 % en la confianza sobre la información emitida por el gobierno sobre la pandemia. Para un 64 % es poco confiable o nada confiable, un 28 % la considera algo confiable y solo para un 8 % es muy confiable. Estas dos últimas menciones sumaban en la primera medición un 44 %.

Más Información: 

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El Universal MX:

El Comercio PE:

El Nuevo Día PR:

La Prensa Gráfica SV:

El País UY:

julio 14, 2020

GDA: decálogo de la transformación digital de la Redacción

 LA NACION

Este documento, elaborado por los medios socios del Grupo de Diarios de América (GDA), apunta a mantener y afianzar la excelencia periodística de nuestros medios socios en todas las plataformas.

No se trata, ni mucho menos, de verdades reveladas. Varios de los puntos planteados pueden sonar obvios; sin embargo, la experiencia diaria ha mostrado que no pocas veces esas obviedades se nos pasan.

Los medios del GDA lo consideran el Decálogo del Proceso de Transformación Digital en la Redacción*:

  • PERSEGUIR LAS GRANDES HISTORIAS. La esencia del oficio es la misma de siempre: encontrar y contar grandes historias, sobre todo aquellas que nadie ha contado antes. Debemos contarlas con rigor periodístico, calidad en la presentación, riqueza gráfica y audiovisual, y profundidad del análisis sobre su impacto y/o la importancia del personaje. Debemos contarlas mejor. Y si es posible, primero.
  • PENSAR EN NUESTRAS AUDIENCIAS. El oficio periodístico ofrece un servicio: brindar los temas de interés a nuestras audiencias de la manera más rápida y sólida posible. La multiplicidad actual de la información, no necesariamente verdadera, nos obliga a convertirnos en validadores. Eso esperan de nosotros, claridad en medio del océano digital: contexto, exactitud, creatividad. Antes que nada, exactitud. Debemos orientarnos por la información que los lectores nos proveen en su consumo diario y utilizar las métricas de una manera proactiva, inteligente y creativa.
  • VARIEDAD EN LA OFERTA INFORMATIVA. Debemos pensar en un menú balanceado para la agenda semanal: exclusivas, investigaciones, crónicas, historias bien narradas. Análisis escritos y en video. Entrevistas con los protagonistas de las noticias coyunturales, y también con los personajes que siempre generan noticia. Infografías con datos relevantes. Videos. Al menos un informe de profundidad por semana. El interés de la audiencia no es monocorde ni único. Nuestra oferta periodística tampoco puede serlo.
  • RIGOR Y CALIDAD. Debemos verificar de la manera más completa posible cada información que circula en nuestras plataformas: el estándar supone consultar y citar tres fuentes diferentes. Evitemos atribuir la información a una fuente cuando no la hemos podido comprobar por nosotros mismos. La credibilidad está consolidada a lo largo de nuestra historia por una conducta basada en la verificación de los datos. Pensemos en dos tiempos de la noticia: uno primero de al menos tres párrafos con la noticia, el contexto mínimo indispensable, un buen título SEO y una fotografía relacionada, sujeto a una ampliación al menos 10 minutos después. El segundo tiempo de las noticias -análisis, nuevos enfoques y protagonistas - se define y trabaja con la Mesa Central. Este proceso no justifica sacrificar exactitud por velocidad.
  • DISTRIBUCIÓN Y SEGUIMIENTO. El impacto de nuestras historias no depende solo de la calidad con la cual las hacemos, sino también de la estrategia de distribución. Eso implica un adecuado uso del SEO y una planificación de cómo ser más inteligentes para moverlas en las redes sociales. Una noticia digital puede tener varias versiones de sí misma en una sola jornada.
  • CONOCER LAS FUENTES EN PROFUNDIDAD. Hay que estudiar, averiguar y preguntar a las fuentes de primera mano, mantener vinculación constante con los protagonistas y los agentes de los hechos, y con los procesos de una noticia. Cada uno de nosotros debe tratar de ser la persona que más sabe de su fuente en el país, cultivarlas con método y ética y asegurarnos de incluir siempre diversidad de voces y perspectivas en nuestras historias
  • AMPLIAR NUESTRA RED DE CONTACTOS PERIODÍSTICOS. Debemos ser constantes y disciplinados acerca de nuestro conocimiento de las fuentes, sus redes sociales y sus páginas web. A mayor información que tengamos, mayores recursos tendremos para construir nuevos desarrollos periodísticos. En términos periodísticos "no saber" se traduce en no saber qué hacer.
  • ATENCIÓN A LA COMPETENCIA, A LAS REDES Y A NUESTROS MEDIOS. Un periodista no puede darse el lujo de no saber de qué se está hablando. Ello implica atender a la discusión en las redes sociales, pero asumiendo que no son reflejo cabal de la audiencia en general, si no cortes parciales que magnifican posturas y reducen otras, y cuyos insumos deben ser valorados críticamente. Hay que saber qué está haciendo la competencia, tanto local como internacional. Y, antes que nada, leer nuestros propios medios en todas sus plataformas. Este autoconocimiento es la base sobre la cual construimos nuestro periodismo.
  • REVISAR Y CONTEXTUALIZAR. Bien y rápido no son antónimos. Nuestros contenidos deben ofrecer concisión, un método de chequeo y un circuito de publicación veloz, sin perder precisión. La misión de tratar de ser los primeros en publicar en el sitio NO ES EXCUSA para publicar textos imprecisos, con errores ortográficos o poco coherentes. En caso de error, borrar una información no es corregirla. La corrección debe ser inmediata y transparente.
  • ORGULLO Y RESPONSABILIDAD. Cada uno de nosotros representa al medio de comunicación más influyente de su país. Esto implica una actitud ganadora frente a las fuentes a la hora de conseguir la información. Uno de nuestros sellos de calidad ha sido, siempre, conseguir lo que los otros no pueden. De cómo nos relacionemos con las fuentes -y esto pasa por el conocimiento de los temas y de las herramientas legales para conseguir la información; de la manera de presentarnos, de hablar y de desenvolvernos en las redes sociales, donde también somos embajadores de nuestras marcas- depende en buena medida el éxito en este oficio.

* Junta Directiva de GDA, Bogotá, abril de 2019

Más información:

https://www.lanacion.com.ar/sociedad/gda-decalogo-transformacion-digital-redaccion-nid2390546/