Encabezado

mayo 05, 2019

Radiografía de los jóvenes latinoamericanos: solidarios, escépticos y discriminados


Carlos Francisco Fernández y Ronny Suárez
El Tiempo/GDA

Los jóvenes de América Latina son escépticos con respecto a sus gobiernos, tienen una visión del mundo basada en el equilibrio y un nivel mayor de conciencia social que, aunque contrasta con sus escasas habilidades para relacionarse personalmente por su inherencia con la era digital, les facilita la interacción para comprometerse a favor de un mundo mejor.

Esta es una gruesa conclusión de la Encuesta Intergeneracional sobre Actualidad Latinoamericana realizada por Tendencias Digitales para el Grupo de Diarios América (GDA), que analizó 4.447 sondeos digitales hechos en los 11 países que conforman la red de medios de esta organización, La Nación (Argentina), O Globo (Brasil), El Mercurio (Chile),EL TIEMPO (Colombia), La Nación (Costa Rica), Prensa Gráfica (El Salvador), El Universal (México), El Comercio (Perú), El Nuevo Día (Puerto Rico), El País (Uruguay) y El Nacional (Venezuela), con el objetivo de conocer la opinión de la región sobre temas políticos, sociales, de igualdad, religión, información y economía, entre otros, en este segmento de la población. El estudio (con un nivel de confianza del 95%) contó con el apoyo del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

Para el efecto, se tomaron como referencia grupos sociales enmarcados en las llamadas Generación Z (menores de 23 años), Generación Y (entre 24 y 36 años), Generación X (entre 37 y 51 años) y Generación ‘Baby boomers’ o más (mayores de 52 años).

Vale aclarar que, si bien aquí se incluyeron todos los grupos de edad, el análisis se centra en los jóvenes de las generaciones Y (‘millennials’) y Z (‘centennials’), que conformaron el 64 por ciento de la muestra, por lo que los grupos de mayor edad fueron tomados como referencias y elementos de contraste.

Con excepción de los ‘Baby boomers’ y la Generación Z, que tuvieron una relación de seis hombres por cada cuatro mujeres, en los demás grupos hubo un equilibrio entre géneros.

Una de las primeras conclusiones está relacionada con la orientación sexual, donde se encontró que en todas las generaciones, la mayoría se declara heterosexual; sin embargo, al detallar porcentajes, la Generación Y tiene el mayor número de homosexuales (12 por ciento) y las mayores concentraciones de bisexualidad están en la Generación Z (18 por ciento).

En nivel educativo, los mayores niveles de educación formal están entre los ‘millennials’; mientras que más de la mitad de los más jóvenes (Generación Z), declaran haber terminado su secundaria, una condición definida más por procesos propios de la edad y no por rezagos académicos.


Situación personal y ciclo de vida

Los menores (la Generación Z) dicen estar solos en el campo afectivo y el 50 por ciento se declaran solteros y sin pareja; mientras que los de la Generación Y son los más proclives a las uniones libres: el 39 por ciento de ellos manifiestan tener pareja y mantenerse solteros.

Aunque podría parecer curiosa esa tendencia, la psicóloga clínica Sandra Herrera manifiesta que el escepticismo de los jóvenes frente a las instituciones abarca también al matrimonio formal, porque tienen una mente más abierta a la libertad y a la autonomía y no a los condicionantes sociales, por eso tienen relaciones más flexibles y un poco menos duraderas, lo que no significa que no tengan pareja sino que son dados a las uniones libres incluso en el mismo sexo.

Volviendo a la encuesta, los ‘centennials’ son los que tienen menos hijos, al punto que solo el 4 por ciento de sus integrantes dicen tenerlos, en comparación con el 20 por ciento de los integrantes de la Generación Y.

Los jóvenes que tienen hijos fueron padres en su mayoría entre los 20 y los 30 años, siendo los ‘millennials’ los que ostentan el porcentaje más alto de paternidad o maternidad en dichas edades.


Escépticos e insatisfechos

En temas de país, gobierno y ciudadanía, más de la mitad de los jóvenes considera que la situación de sus países es mala y la tercera parte la califica de muy mala. Una calificación que relacionan específicamente con limitaciones en la libertad de prensa, violaciones a los derechos humanos, descuido por el medio ambiente y graves problemas de comunicación, lo que deriva que casi la mitad de ellos (Generaciones Z y Y) se declaren abiertamente insatisfechos con el gobierno, siendo los más jóvenes los más inconformes.

Resulta llamativo que en todos los grupos etarios la corrupción de los gobiernos, la indolencia con el medio ambiente y la violencia de todo tipo son los temas de mayor preocupación, mientras que entre los más jóvenes, la violación de los derechos humanos, el acoso sexual y el futuro de la humanidad son relevantes y, de acuerdo con la encuesta, deberían ser tratados con prioridad.

Juli Altieri tiene 24 años, es internacionalista y la representante para Argentina de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia (LAC), fundada en el 2014 y compuesta por miembros en 20 países de la región. Al tratar de explicar estas posturas, afirma que existe una crisis de representatividad de los partidos políticos que no han podido interpretar las necesidades de los jóvenes, que siguen reacios a la política tradicional.  

Prueba de ello es que para la misma Generación Z, los partidos políticos no son necesarios para el funcionamiento de un país, a pesar de que junto a los Y presentan los porcentajes más bajos de participación en agrupaciones políticas o movimientos estudiantiles, comparados con las generaciones de mayor edad.

“No es que seamos escépticos a la democracia sino que al estar orientada por políticos vetustos que se mantienen en el poder no dejan lugar a las nuevas caras y a las nuevas ideas. Eso es algo que queremos cambiar, buscando espacios de manera autónoma para llenar estos vacíos e incluso arriesgándonos a proponer nuestros nombres en los procesos electorales, en pro de la democracia y de cambios que recojan las inquietudes de los más jóvenes”, enfatiza. 

“No podemos seguir siendo manejados por personas de 80 años que nacieron en un mundo distinto al actual”, remata.

La encuesta revela que para la juventud ser ciudadano es tener derechos, pero a su vez cumplir deberes, y en este sentido, la generación Z considera los derechos como lo más importante, mientras que los ‘millennials’ se inclinan un poco más por los deberes.

Frente a esta ardua defensa de los derechos humanos que han asumido los jóvenes, Altieri afirma que es la respuesta natural a posturas extremas tanto de derecha como de izquierda que tienden a manifestarse en contextos autoritarios, negando cosas fundamentales para los jóvenes y, en general, para toda la población.

Justamente el respeto, la honestidad y la libertad son los valores con los que se identifican todos los grupos de población, pero resulta significativo ver que temas como la libertad, la solidaridad, la productividad y la diversidad impactan de manera decisiva en la percepción de los más jóvenes (Generación Z); mientras que dichos tópicos en poblaciones un poco mayores (Generación Y y Generación X) son equiparables al promedio regional.

Aquí vale decir que vivir en armonía es el concepto que los jóvenes asocian con el concepto de felicidad y en esto los ‘millennials’ y la Generación Z comparten la misma opinión.

Pese a esta calificación, es llamativo que más de la mitad de los representantes de la Generación Z considera que los ciudadanos poco o nada pueden influir con las decisiones de los gobiernos.


Sexualidad amplia y discriminación

La Encuesta es generosa en datos relacionados con la sexualidad: la mayoría inician su vida sexual entre los 16 y los 18 años, la fuente preferida para informarse en estos temas  es internet, el 85 por ciento de los jóvenes utiliza anticonceptivos y los condones son el método más usado en todas las generaciones (un poco más en la Z). Y destaca que entre ellos hay mayor apertura en temas tradicionalmente polémicos, al punto que la mayoría de la generación Z (85 por ciento) considera que las personas del mismo sexo pueden casarse con todos sus derechos y más de la mitad considera que el aborto y la marihuana deben ser legales en cualquier circunstancia.

Sin embargo, las Generaciones Y y Z manifiestan haberse sentido más discriminados, principalmente en las instituciones educativas, a la par que se encuentran más de acuerdo con equiparar oportunidades para todas las personas, independientemente de cualquier condición.

Catalina Martínez Coral, directora regional para América Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos, considera muy positivo que las personas más jóvenes del continente estén de manera tan generalizada a favor del aborto y de los derechos de las parejas del mismo sexo.

“Esto quiere decir que el trabajo que han hecho las organizaciones sociales ha tenido un impacto en la forma como las personas entienden y promueven los derechos sexuales y reproductivos, pero a la vez es un reto para los Estados, que deberán responder en todo el continente con políticas que se encaminen a garantizar la igualdad y equidad de género, y sobre todo, el fin de la discriminación”, sostiene.


Poco religiosos

En este aspecto vale resaltar que los jóvenes de la generación Z se consideran menos religiosos, tanto que el 35 por ciento de ellos se declara poco religioso o nada religioso, seguidos muy de cerca por los ‘millennials’ (Generación Y), con un 29 por ciento bajo la misma condición.

Y aunque la religión católica es la que más se profesa en todas las generaciones, vale aclarar que entre los ‘millennials’ y la Generación Z hay una tendencia decreciente frente a esta religión, en contraste con un aumento en sus preferencias por otro tipo de cultos.

Y si de espiritualidad se trata, los más jóvenes son los que menos aceptación tienen en este sentido, algo que deja en evidencia la generación Z en la que el 48 por ciento de los encuestados se declara poco o nada espiritual, en comparación con el 29 por ciento de la Generación Y y el 32 por ciento de los ‘Baby boomers’, clasificados en la misma escala.

María Camila González, periodista especializada en temas de religión, de 25 años, asegura que la juventud está más interesada en llevar cualquier relación con la espiritualidad a la acción, más que cualquier acto de pertenecer a un dogma o a una religión.

Esteban Lemus, joven de 23 años, coordinador de Misión País en Colombia, un voluntariado universitario fundamentado en la espiritualidad ignaciana, de carácter católico, agrega que si bien es claro que hoy en día muchos jóvenes no se encuentran dentro de una iglesia, sí están “en una búsqueda constante de esa fuente de vida y el sentido trascendental que permita reconstruir la realidad”. 

“Los jóvenes se han alejado de la Iglesia Católica debido a los malos preceptos que se han construido alrededor de ella, algunos de estos infundados por eventos históricos que cada vez tienen más repercusión, como corrupción en el Vaticano y los casos de pedofilia dentro de las congregaciones religiosas. Pero precisamente veo a la espiritualidad como una búsqueda por la misericordia y un método de reconciliación”, apunta.


Redes, hábitat natural

Aunque es una verdad sabida, la encuesta demuestra que a la hora de relacionarse con el mundo digital los jóvenes le llevan una ventaja considerable a las generaciones mayores. De hecho, son los mayores compradores por internet, los que buscan por esta vía mayor información política, los que declaran usar más Youtube y los que permiten mayor acceso a la información, a través de las redes sociales en las cuales tienen su perfil, lo que no les impide manifestar que sus cuentas en dichas redes deben ser siempre privadas y piden sancionar cualquier alteración a esta privacidad.

La psicóloga Herrera explica en este punto que la posibilidad de estar conectados de manera virtual ha tornado a los jóvenes menos gregarios, de ahí que para ellos es muy importante el peso que se mide en número de seguidores y en la difusión universal de las ideas en redes sociales, así como proyectarse a favor de causas populares, distantes incluso de su propio entorno.

Contrario a lo que se piensa, la Generación Z es la que manifiesta que más ha pensado en ahorrar para un plan de retiro, son los que más subsidios o ayuda reciben de sus gobiernos y es la que se encuentra menos bancarizada.


Capaces de cambiar el mundo

Julián de Zubiría es un experto en educación a nivel latinoamericano. En Bogotá es el director del Instituto Alberto Merani, que ofrece educación personalizada de alto nivel. Sobre la encuesta comentó sus resultados dejan ver tres cambios fundamentales de las Generaciones Z y Y frente a las anteriores: “Viven en un mundo de pantallas interconectadas, provienen de familias más diversas, más pequeñas y flexibles, y tienen mayores niveles educativos”.

Y argumenta: “Como han vivido en un mundo tan flexible, respetan y valoran la diversidad. Como tienen amplio acceso la información y mayor educación, tienden a ser más independientes y a rechazar en mayor medida la corrupción, que es mucho más visible en estos tiempos y medios. Así mismo, se han desencantado un poco de la clase política y los gobiernos, y parcialmente, de la iglesia que ha estado cerca del poder”. 

Pero estas influencias no implican el riesgo de caer más fácilmente en posturas populistas de derecha y de izquierda, “porque creen menos en las instituciones y eso lo aprovechan los extremos en la política”, a juicio del experto.

Por su parte, Olga Albornoz, profesora de la Universidad del Rosario y ex presidenta de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, es clara en decir que estos resultados ratifican que las generaciones jóvenes, al estar inmersas en un mundo digital, interconectado y funcional, tienen un pensamiento más universal, lo que les permite proyectarse más en términos de sociedad, de valores universales y de un sentido de servicio.

Albornoz insiste en que no hay que equivocarse con falsas ideas que relacionan a los jóvenes con la carencia de información, la falta de compromiso participar y la incapacidad para realizar actividades de corte sociocultural, en razón a que a las nuevas generaciones les interesa estar conectadas y, a través de esas tecnologías, buscar soluciones a problemas generales y no tanto personales y particulares.

“Si las antiguas generaciones no han encontrado la forma de cambiar el mundo, los muchachos de hoy, tienen la capacidad de hacerlo bajo tres premisas: concebir al mundo como un lugar en el que tienen que caber todos, el respeto por los elementos del planeta de uso común y el desdén por las instituciones atávicas y de proyección local”, dice Albornoz.

Para la muestra, insiste la especialista, está que lo hecho por generaciones de mayor edad, apenas sirve como referencia para que los jóvenes busquen, de verdad, las respuestas que requiere el mundo de hoy.

Más Información:

La Nación AR:
https://www.lanacion.com.ar/sociedad/solidarios-y-escepticos-el-denominador-comun-de-la-region-nid2244545
http://www.lanacion.com.ar/2244544-sello-generacional-generar-pequenos-cambios-la-meta-de-los-jovenes-del-pais

O Globo BR:
https://oglobo.globo.com/mundo/jovens-na-america-latina-sao-mais-solidarios-ceticos-23640708

El Mercurio CL:
https://digital.elmercurio.com/2019/05/05/C/UA3JDCDB#zoom=page-width

El Tiempo CO:

La Nación CR:

El Universal MX:

El País UY:

El Nuevo Día PR:

El Comercio PE:
https://elcomercio.pe/mundo/latinoamerica/jovenes-latinoamericanos-encuesta-gda-radiografia-solidarios-escepticos-discriminados-noticia-640445

La Prensa Gráfica SV:
https://www.laprensagrafica.com/elsalvador/Radiografia-de-los-jovenes-latinoamericanos-solidarios-escepticos-y-discriminados-20190505-0392.html

El Nacional VE:
http://www.el-nacional.com/noticias/sociedad/los-menores-anos-edad-ven-negativa-situacion-venezuela_281336

abril 24, 2019

‘Los deseos de los venezolanos se cumplirán y este régimen se desvanecerá’: Elliott Abrams


SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
Especial para el Grupo de Diarios América (GDA)

Han pasado noventa días desde la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Pese a que el régimen de Nicolás Maduro no da signos de dar su brazo a torcer, Estados Unidos sigue empeñado en que su salida es la única vía posible para la restauración de la democracia en este país.
Este jueves Elliott Abrams, representante especial del Departamento de Estado de Estados Unidos para la crisis, volverá a la carga en un discurso que pronunciará en el Atlantic Council, uno de los centros de pensamientos más importantes de la capital estadounidense.
En entrevista exclusiva con el Grupo de Diarios América (GDA), Abrams sostiene que su charla hará énfasis en el “día después” a lo que ve como el inevitable colapso del régimen y lo imperativo que resulta tener en cuenta un futuro para el chavismo y los militares venezolanos.
Abrams advirtió que Estados Unidos no ha agotado todas sus opciones y anticipa la imposición de nuevas sanciones posiblemente este viernes.

-¿Cuéntenos del discurso que piensa pronunciar este jueves en el Atlantic Council sobre  Venezuela?

Queremos hablar sobre el futuro de Venezuela. Por lo general nos concentramos en los terribles problemas que el país enfrenta hoy. Pero la idea es ir más allá y hablar sobre cómo vemos a la Venezuela del mañana, una vez se vaya el régimen de Maduro y pueda iniciarse la reconciliación y la reconstrucción.

-¿Cuáles son los principales retos que usted cree enfrentará Venezuela en ese “día después” del que tanto se habla?

Uno de las cosas más importantes sobre las que hablaré es que mientras pensamos en el futuro de Venezuela hay que pensar en el rol de los militares y del chavismo porque el chavismo es parte de la política en Venezuela.

 -Son temas muy importantes. ¿Pero que le hace pensar que debemos hablar sobre eso cuando el gobierno de Nicolás Maduro no parece estar cerca de ser derrotado? Se acaban de cumplir 90 días desde que Juan Guaidó se proclamó presidente y no se vislumbra aún la salida del régimen…

Es lo que uno ve en los medios, pero no estoy de acuerdo con esa idea. En primer lugar, hay una gran unidad en torno a Guaidó. La gente me decía que si esto seguía 30, 60 o 90 días se vería un colapso de esa unidad, que la oposición comenzaría a pelearse. Eso no ha pasado y Guaidó sigue siendo el líder. También decían que con el paso del tiempo la gente se enfocaría en conseguir un trabajo y algo de comer, y dejarían de salir a protestar. Eso también ha estado equivocado. Guaidó lo demostró en Maracaibo a pesar de que las redes sociales no son muy eficientes y de que el régimen intentó impedirlo.
Además, las encuestas siguen mostrado que la popularidad de Maduro está por el piso, solo un 15 por ciento de apoyo, y que la gente quiere que se vaya y, además, que entre la gente que quiere que se vaya están los militares. Como hemos dicho antes, no podemos dar un cronograma o una fecha, pero estamos confiados en que los deseos de los venezolanos se cumplirán y este régimen se desvanecerá.

-Pero ante situaciones similares la historia ha demostrado que entre más tiempo pasa más se atornillan este tipo de regímenes ¿no es así?

No estoy de acuerdo con eso. Lo que hemos visto en casos como el de Ben Ali, en Túnez, y en Egipto, con Hosni Mubarak, es que nadie puede predecir estas cosas. Se ven sólidos hasta que de pronto se van. En el caso de Maduro ni siquiera se ve sólido. Puede que en cierta medida lo que usted dice sea cierto, pero ese no es el caso de Venezuela. Pese al riesgo la gente se sigue sublevando y eso es impactante.

-La impresión inicial que se tuvo, y hasta se vendió, era que la salida de Maduro era inminente. ¿No cree usted que se vendieron falsas expectativas y de allí la frustración que hoy existe?

Quizá algunos pensaron de esa manera, pero esa nunca ha sido nuestra aproximación. Cuando el secretario de Estado Mike Pompeo me pidió que ayudara no me dijo: “oye Elliot, te necesito  unas cuatro semanas porque esto es cuestión de días”. Nunca dijo eso ni creímos que sucedería de la noche a la mañana. Y aunque lo veo en la prensa, aquí no hay nadie que piense que no se ha progresado o que esté perdiendo interés.

-Hay voces en América Latina que piensan que quizá EE.UU. gastó todo su arsenal contra Maduro muy rápidamente y que ahora se han quedado sin munición para seguir presionando. ¿Qué opina?

Eso también lo escucho con frecuencia. Pero no es cierto. Tenemos una lista de sanciones adicionales y es posible que anunciemos nuevas este mismo viernes. Tenemos sanciones de título personal,  y económicas. Hemos alcanzado victorias en la OEA (Organización de los Estados Americanos) y seguiremos buscando otras en otras instancias internacionales. Obviamente la lista de opciones que le hemos dado al secretario es secreta hasta que se adopte. Sigo escuchando historias sobre la pérdida de inercia y que Maduro no se ira. Pero estoy seguro que cuando se vayan saldrán otras diciendo que era inevitable. Por eso no le presto mucha atención a eso.

-¿Pero no vuelve más difícil su trabajo el hecho de que Maduro, por un lado, haya aceptado el ingreso de ayuda humanitaria y, por otro, este recibiendo un respiro dada las labores del grupo de contacto que lideran algunos países europeos para buscar una salida diferente a la crisis?

La ayuda humanitaria que ha ingresado la Cruz Roja, y que respaldamos, solo ha servido para atender a 25.000 mil personas, pero hay más de 30 millones de venezolanos en el país. Lo mejor que se puede decir de la iniciativa de la Cruz Roja es que es un programa piloto, pero no es la solución. Es positivo que hayan aceptado su ingreso y de paso reconocido que la necesitan. Nosotros estamos listos para entregar mucho más. Pero este régimen no tiene capacidad para atender la crisis que existe. Los problemas más graves que existen hoy día son el eléctrico y el del agua potable y este régimen no los puede arreglar, está en bancarrota. Los expertos se fueron del país y desgraciadamente estos problemas se van a agravar mientras este Maduro.

-En el caso del Grupo de Contacto, ¿no cree usted que su efecto ha sido el de ofrecerle un salvavidas a Maduro y su régimen?
  
No creo que le haya ofrecido salida alguna. El régimen no tiene apoyo, no puede enfrentar el desastre económico y humanitario que existe. La gente lo que quiere es que esto se acabe independientemente de si existe o no un Grupo de Contacto. El problema fundamental del régimen es que no tiene capacidad para resolver los problemas. Lo único que ofrece es más represión y con eso no resuelve nada.

-Existe la idea de que Maduro podría convocar elecciones anticipadas con veeduría internacional. ¿Es algo que ustedes apoyarían?

Nosotros queremos elecciones libres, pero no veo cómo puedan darse con Maduro en el poder. Ya vimos cómo se robó unas, las de mayo del 2018. Pero aún si existiera veeduría internacional Maduro sigue en control total con todo el poder de intimidación y castigo. Existen 25.000 agentes cubanos infiltrando los sistemas de inteligencia, Maduro sigue controlando los medios de comunicación. Es imposible tenerlas con ese nivel de control.

-Ustedes insisten en que todas las opciones están sobre la mesa. ¿Pero lo están realmente? He escuchado que el mismo Departamento de Defensa es reticente frente a la posibilidad de una intervención militar.

Por supuesto que lo están. Todos deberíamos estarlo porque cualquier opción militar debe ser la última opción, pero no podemos predecir qué puede pasar más adelante. Nadie puede. Siempre me acuerdo de George H. W. Bush, en 1988, cuando era vicepresidente. Si le hubiesen dicho que terminaría con una intervención militar no lo hubiese creído. Nuestra explicación es que todas esas opciones existen porque tienen que existir. Qué decisiones tome el presidente dependerán de lo que vaya pasando en las semanas y meses que vienen. No podemos decir más.

-¿Pero cómo se imagina usted una intervención humanitaria en Venezuela por razones humanitarias?

Esa es una pregunta que no puedo contestar.

-Antes de concluir quisiera que se refiriera a una idea que sigue surgiendo cuando se habla del rol que viene jugando EE. UU. en la crisis de Venezuela: Que el interés de fondo del presidente Trump es electoral, pues al enfocarse en Venezuela corteja el voto de los hispanos en la Florida, un estado que necesita si quiere ganar la reelección.

 Esa una idea que no ha surgido nunca en ninguna de las reuniones que yo he tenido. Esta crisis tiene un efecto terrible en Venezuela, en sus vecinos como Colombia, e invita a los cubanos, a los rusos y los iraníes a que causen más problemas en la región. De eso se trata.

marzo 24, 2019

Grupo de Diarios América trabaja para combatir la desinformación

Desde la organización se busca promover las buenas prácticas periodísticas


El Grupo de Diarios América lanzó una campaña para promover las buenas prácticas del periodismo y combatir las noticias falsas, también llamadas "fake news". Estas se propagan rápidamente por redes sociales, generan desinformación y atentan contra la reputación y credibilidad de los medios.

Para buscar una solución a este problema, editores del Grupo de Diarios América (GDA) se reunieron a principio de año en Lima, Perú. Si bien este fenómeno existe desde hace tiempo se potenció en los últimos años con la revolución de las tecnologías de la información y las redes sociales, lo que despertó la necesidad de establecer regulaciones.

Tal como se explica en una editorial que publicó La Nación de Argentina en julio de 2018, con las noticias falsas, "se hallan en juego tanto la intimidad de las personas y la necesidad de ponerlas a salvo de injurias y calumnias como el anhelo de articular procedimientos que protejan el orden público y el interés social de que las personas estén debidamente informadas".

Por eso, según establece "el mejor antídoto aplicable contra las fake news será siempre el ejercicio de un periodismo serio, riguroso y de calidad". Tal es así que desde Grupo de Diarios América se intenta generar conciencia sobre las buenas prácticas periodísticas, como la herramienta más importante con la que cuentan los medios para hacer frente a la desinformación.



Más información:

La Nación AR:
https://www.lanacion.com.ar/politica/fake-news-grupo-diarios-america-trabaja-combatir-nid2231627

El Comercio PE:
https://elcomercio.pe/mundo/fake-news-noticias-falsas-buenas-practicas-periodismo-619694

El Nuevo Día PR:
https://www.elnuevodia.com/videos/elnuevodaayelgrupodediariosamaricaseunencontralasfakenews-video-253712/

febrero 10, 2019

“La ayuda humanitaria a Venezuela va a entrar, el tema es cuándo”


Entrevista exclusiva para el Grupo de Diarios América (GDA*)

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO/GDA
Washington

A Mauricio Claver-Carone lo describen con frecuencia como el cerebro gris tras la estrategia estadounidense que hoy tiene contra las cuerdas al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
Y sin duda lo es. De origen cubano, pero nacido en la Florida, Claver-Carone lleva seis meses como Asesor en Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental del presidente Donald Trump.
Desde entonces ha venido empujando una aproximación de ‘línea dura’ contra Caracas que comenzó con el rápido reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino hace casi tres semanas y que ha dado paso a la imposición de severas sanciones económicas y el despliegue de enormes volúmenes de ayuda humanitaria que hoy está en la frontera con Colombia lista para ser entregada.
Claver-Carone recibió a este corresponsal en la Casa Blanca para una entrevista exclusiva con el Grupo de Diarios América (GDA).
En ella, el funcionario garantiza que la asistencia ingresará a Venezuela y habla de un “cerco humanitario” que terminará por doblegar al gobierno. Vuelve a insistir, también, en que todas las opciones están sobre la mesa y describe el actual momento como uno irreversible que solo concluye con la salida de Maduro del poder.

- El presidente de Colombia, Iván Duque, viene la semana entrante a Washington para reunirse con Donald Trump. Supongo que el tema de Venezuela estará alto en la agenda.
Absolutamente. La relación entre EE. UU. y Colombia tiene una larga historia especialmente en lucha contra las drogas y el terrorismo y en ese sentido el tema de Venezuela es relevante porque el régimen de Maduro y sus secuaces son la causa de múltiples problemas de seguridad por su relación con grupos terroristas y con el narcotráfico. De eso hablarán, al igual que de la situación actual.

- ¿Qué rol han jugado Colombia y Brasil en la resolución de esta crisis en Venezuela? Se lo pregunto porque ambos son gobiernos de derecha que acaban de ascender al poder y cuya postura ha sido más agresiva que la de sus antecesores.
Tanto Duque como Jair Bolsonaro han sido aliados claves de EE. UU. en este tema. Sin el liderazgo de ellos estaríamos ante una situación muy diferente. Además son dos países que están sufriendo de primera mano la crisis de los refugiados y la crisis de seguridad en las fronteras. Están expuestos al mal manejo que ya lleva años en Venezuela y al apoyo a grupos terroristas de parte de Maduro y sus allegados.

- La ayuda humanitaria que ustedes prometieron está llegando. Pero persiste el mismo dilema. ¿Cómo hacer que entre y les llegue a los que la necesitan si el gobierno de Maduro continúa bloqueándola?
Vamos a continuar llevando la ayuda y de hecho la vamos a incrementar. No solo en Cúcuta sino alrededor de Venezuela en muchos puntos. La ayuda va a entrar. No es un tema de si podrá ingresar sino de cuándo. Y cuando eso pase estaremos listos para distribuirla de inmediato. Lo que hizo Maduro al poner esos obstáculos en el puente ha sido un desastre desde el punto de vista de relaciones públicas porque está impidiendo que ingrese lo que más necesitan los venezolanos. Las mismas fuerzas armadas, sus miembros, son familias que necesitan esa ayuda.

- ¿Qué está sugiriendo cuando dice que la ayuda terminará ingresando sí o sí?
No voy a entrar en detalles. Lo que sí le digo es que va a entrar y se lo digo porque estamos avanzando por un camino que es irreversible. No solo Juan Guaidó tiene el apoyo en las calles sino que se están cerrando los espacios financieros a nivel internacional para este régimen. Cuando usted tiene a 30 personas bloqueando el ingreso de la comida y las medicinas que necesitan 30 millones, pues es una pelea perdida. Por eso digo que es cuestión de tiempo.

- Hay gente en Washington que ya habla de establecer por la fuerza un corredor humanitario para entregar la ayuda si Maduro insiste en bloquearla. ¿Es algo en lo que están pensando?
No me corresponde entrar en detalles sobre estrategias. Lo que se viene ahora es que vamos a rodear a Venezuela con ayuda humanitaria. Es decir, una especie de cerco humanitario en el que estamos trabajando con Brasil, Colombia y el Caribe. Esa es la etapa en la que estamos ahora. Luego entraremos a otra etapa en la que definiremos qué hacer para que ingrese.

- Ya van casi tres semanas desde que comenzó está arremetida contra Maduro y aún sigue en el poder. ¿Tienen ya un plan B en caso de que no caiga y se atornille en la presidencia?
El camino por el que vamos es irreversible. No hay un solo escenario en el que Maduro y los que se aferran en el poder puedan gobernar en Venezuela y puedan sobre vivir a la crisis económica y social que ellos mismos crearon y que ahora se acentúa por las sanciones de EE.UU. y la presión internacional de Europa y América Latina. El reconocimiento internacional de Guaidó sigue creciendo y eso también es irreversible. Lo misma pasa con la opinión pública. Según las encuestas, el 85 por ciento de los venezolanos quiere que se vaya y eso no va a cambiar.

Venezuela ya comenzó una transición constitucional pacífica y la pregunta ya no es si Maduro acepta esta realidad o no, sino de cuánto tiempo demorará en aceptarlo.

- ¿Y qué pasa si Maduro decide convocar a elecciones presidenciales? ¿Ustedes apoyarían esa salida?
Maduro, como un ciudadano más de Venezuela, podría hacer esa oferta al gobierno interino. Pero esa es una decisión que le corresponde a Juan Guaidó, que es quien debe definir los términos de una elección. Nosotros no reconocemos a Maduro como presidente y desde nuestra perspectiva no tiene la autoridad para convocar nada.

- El mundo entiende que cuándo ustedes dicen que “todas las opciones están sobre la mesa” es porque también están considerando una salida militar a esta encrucijada. ¿Es así?
Eso es lo que ha dicho el Presidente (Trump) y la frase habla por sí sola. No ayuda entrar en situaciones hipotéticas. Esto es un ejercicio que hacemos con seriedad todos los días y estamos listos para responder ante cualquier circunstancia.

- La apuesta desde el comienzo ha sido tratar de que las fuerzas armadas le den la espalda a Maduro. ¿Por qué cree que aún no sucede,  pese a las ofertas de amnistía que se les han hecho?
La apuesta es que todos acepten la transición pacífica y democrática que se ha presentado en Venezuela y eso incluye a los militares. Yo creo que las tropas ya tomaron esa decisión. Hay individuos que quisieran tomar esa decisión, pero se quieren asegurar de que su futuro y el de sus familias esté seguro. Hemos dejado claro, y eso lo dijo el asesor (de Seguridad Nacional, John) Bolton esta semana, que los militares que acepten la transición no serán perseguidos por EE. UU. Nuestro negocio no es la venganza, ni los estamos buscando para cobrar cuentas. Lo que queremos ver es una transición democrática para que el país vuelva a ser próspero.

- ¿Eso quiere decir que EE. UU. incluso les perdonaría los cargos por narcotráfico y otros delitos que algunos puedan tener con la justicia de su país?
No podemos hablar por el sistema judicial (en EE. UU.). Pero cuando hemos designado a estas personas para sanciones a través del Departamento del Tesoro se entiende que lo que se busca es que cambien su comportamiento. Y si cambian el comportamiento entonces podemos considerar levantar esas sanciones financieras que fueron impuestos a través de órdenes ejecutivas.

- Maduro les dio 30 días para evacuar el personal diplomático de Venezuela. ¿Piensan ustedes cumplir cuando expire ese plazo a finales de este semana que comienza?
Cuando Maduro habla lo hace un ciudadano más de Venezuela y no su presidente. Nuestras decisiones están basadas en lo que decida el gobierno de Juan Guaidó.

- ¿Qué les dice usted a los países de Europa y algunos de la región que insisten en el diálogo y aún no respaldan la aproximación de EE. UU. para solucionar esta crisis?
En realidad estamos hablando de una minorías de países, pues la gran mayoría ha reconocido al gobierno de Guaidó. Y a ellos les diría que acepten esta transición hacia la democracia y que apoyen a Guaidó. Que al no hacerlo se están quedado del lado de gente que está involucrada en actividades ilegales, que ha robado, que ha causado una crisis humanitaria masiva y que están en el lado incorrecto de la historia.

- ¿No le preocupa que el activo rol que ha jugado EE. UU. termine por revivir el fantasma del intervencionismo estadounidense en la región y termine fortaleciendo a movimientos de extrema izquierda?
La posición de EE. UU. es la misma que la de la mayoría de países en la región y por eso no comparto esa presunción. Adicionalmente, la tendencia que se ve en la región es completamente opuesta. Los días del socialismo del Siglo XXl están contados. El ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, que empujó Hugo Chávez) pende de un hilo. Y lo vimos en las elecciones recientes en El Salvador, donde la gente rechazó de manera categórica al candidato del (Frente) Farabundo Martí. Lo que vemos es una tendencia regional de apoyo a la democracia, a la prosperidad, a los mercados libres. Es una alianza que está creciendo, de la que estamos orgullosos de pertenecer y que ahora quiere ver un cambio democrático en Venezuela.

- Este viernes circuló una historia de un avión que al parecer lleva varias semanas haciendo viajes entre Miami, Venezuela y Colombia y que, según Maduro, estaría transportando armas. Se lo pregunto de frente: ¿Está EE. UU. armando a la oposición en Venezuela?
EE. UU. ni estimula, ni apoya este tipo de conducta por parte de particulares y no tenemos nada que ver con ello. Es más, le diría que a mí me parece que esto es fake news. Típica estrategia de rusos o cubanos para desinformar. No hay evidencias de nada.

*El GDA está integrado por La Nación de Argentina, O Globo de Brasil, El Mercurio de Chile, El Tiempo de Colombia, La Nación de Costa Rica, El Universal de México, La Prensa Gráfica de El Salvador, El Comercio de Perú, El Nuevo Día de Puerto Rico, El País de Uruguay y El Nacional de Venezuela.

diciembre 23, 2018

Encuesta GDA 2018: Personajes Mundial y Latinoamericano

Empujados por la peor crisis económica, política y social en décadas, más de tres millones de venezolanos dejaron su país y prefirieron buscar un mejor futuro en tierras extrañas.

El éxodo, que según Naciones Unidas sumará más de 5 millones de personas en 2019, impacta en todas las dimensiones a los países del vecindario, desacostumbrados a ser receptores de un flujo migratorio de esta envergadura, que sin dudas es el mayor en décadas en esta parte del mundo.

Por eso, los migrantes venezolanos han sido elegidos “Personaje latinoamericano 2018” por parte del Grupo de Diarios de América (GDA), una alianza de 11 periódicos de la región.

En esta octava edición de su encuesta anual, el GDA reconoce por tercer año consecutivo al Presidente estadounidense, Donald Trump, como figura mundial. Su estilo de gobierno y su visión política parece haber traspasado las fronteras. El Presidente de Estados Unidos se transformó en un referente de una nueva generación de líderes populistas que está transformando el orden liberal de Occidente.

Ese mismo populismo, sostiene Christopher Sabatini en su columna exclusiva para este especial, será uno de los desafíos de América Latina especialmente ante una nueva ronda de elecciones en 2019 en Argentina, Bolivia, El Salvador y Uruguay.


Personaje Latinoamericano GDA 2018
Migrantes Venezolanos: El éxodo que redibuja a America Latina - Gaspar Ramírez/El Mercurio/GDA
http://blog.gda.com/2018/12/encuesta-gda-2018-el-exodo-que-redibuja.html

Personaje Mundial GDA 2018
Donald Trump deja su marca en el mundo - Rafael Mathus/La Nación AR/GDA
http://blog.gda.com/2018/12/trump-deja-su-marca-en-el-mundo-y.html

Columna de análisis de la Encuesta GDA 2018:
Un año de elecciones, controversias y populismo, y más por venir en 2019 - Christopher Sabatini, Universidad de Columbia
http://blog.gda.com/2018/12/un-ano-de-elecciones-controversias-y.html

Encuesta GDA 2018: El éxodo que redibuja a América Latina

GASPAR RAMÍREZ
El Mercurio, Chile
Grupo de Diarios América

José González, 28 años, ingeniero industrial, llegó a Chile el 11 de marzo pasado desde Maracaibo, noroeste de Venezuela. Nueve meses con días buenos —la mayoría— en que José agradece la seguridad, la estabilidad, la posibilidad de enviar dinero a sus padres; y con días malos. Días en que José extraña a su mamá, a su papá, a sus amigos, a su barrio, sus calles. Días de rabia en que se pregunta por qué tiene que trabajar como conserje, para qué estudió tanto, por qué tuvo que irse. Él conoce las respuestas.

Las mismas preguntas que se hacen los más de tres millones de venezolanos repartidos por el mundo. Un éxodo que se aceleró en 2013, cuando Nicolás Maduro llegó al poder, y junto con él, el aumento de los asaltos, de los muertos, de los secuestros, y de la escasez de la comida, de las medicinas, de los productos básicos, de las oportunidades. La mayor crisis humanitaria que vive la región en décadas y que golpea especialmente a los jóvenes. Como José.

Sentado detrás de un mesón en el lobby de un edificio en Providencia (una zona acomodada de Santiago), José —barba sin bigote, gorra de los Padres de San Diego, camiseta azul con el logo de su universidad, la Rafael Belloso Chacín— cuenta que su hermano mayor, también ingeniero industrial, vive desde 2012 en Francia junto a su esposa, ingeniera en petróleo; que su hermana, comunicadora, vive en Chile desde hace cuatro años, y que él partió porque en Maracaibo ya no había trabajo ni dinero y porque su mamá necesitaba medicinas para el corazón.

José partió el 5 de marzo junto a cuatro amigas. Cruzaron en auto hacia Colombia, luego en bus hacia Ecuador y Perú. Sus ahorros, 302 dólares, le alcanzaban para llegar hasta Arica (en el extremo norte de Chile), donde se consiguió los seis mil pesos (unos 8,6 dólares) que necesitaba para seguir hasta Santiago.

José pudo viajar en auto y en bus, algunos pocos lo hacen avión y otros huyen a pie.

Mochileros y expatriados

Miguel Arrieta Zinguer es abogado, tiene dos especializaciones, dos doctorados, una maestría. Es profesor de la Universidad Católica del Táchira desde hace 20 años. Nunca pensó irse de Venezuela, su plan era jubilarse junto al mar, en Margarita. Pero los cortes de agua, de luz, el desgaste y el futuro de sus dos hijos adolescentes lo hicieron cambiar de opinión. Arrieta es judío, tiene derecho a la nacionalidad israelí, y se acogió a un plan que lo llevará a él y a parte de su familia a iniciar una vida nueva en Jerusalén.

Oriana Mendoza viajó más cerca, pero tardó más en llegar. Estudiante de Economía de 25 años, salió el 1 de agosto desde Maturín, noreste de Venezuela. En Colombia se le acabó el dinero y continuó “como mochilera” hacia Ecuador y Perú. Tardó 14 días en llegar a la capital peruana, donde la esperaba su hermana mayor. Ahora trabaja en el distrito de Cercado de Lima mientras aguarda por el Permiso Temporal de Permanencia, un documento oficial que regulariza la situación del migrante durante un año.

Como Perú, la mayoría de los países de la región implementaron medidas para ordenar y ayudar a la diáspora. David Smolansky (Caracas, 1985), jefe del grupo de trabajo de la OEA para monitorear la crisis migratoria venezolana, destaca las políticas de algunos países: El permiso especial de permanencia (PEP) de Colombia, la visa de responsabilidad democrática
de Chile, la homologación de títulos profesionales en Argentina; el proceso de interiorización del gobierno de Brasil, que traslada migrantes hacinados en la frontera hacia ciudades donde tienen más probabilidades de encontrar trabajo.

Smolansky conoce el exilio, la migración forzada. En los años 20, un bisabuelo paterno de David fue encarcelado por los bolcheviques en la Unión Soviética; la familia huyó a Cuba, donde su abuela conoció a su abuelo, y nació su papá; en 1962, el régimen de Fidel Castro expropió la fábrica textil familiar, en 1970 migraron a Venezuela, en 1985 nació David. El 9 de agosto de 2017 le tocó a David: el gobierno de Maduro emitió una orden de captura contra el entonces alcalde del municipio caraqueño de El Hatillo por “no impedir” las protestas violentas de ese año.

En los siguiente 35 días, el dirigente político de Voluntad Popular (el partido de Leopoldo López) recorrió 1.100 km, burló 35 puntos de control, se afeitó la barba, usó gorros, sombreros, cambió su forma de hablar, cruzó la frontera con Brasil a través de un paso selvático donde lo esperaba la policía federal; luego lo recibió el canciller Aloyso Nunes. Ahí, Smolansky narró su fuga y se declaró exiliado. Ahora vive en Washington.

“Ha sido una historia dura. Tres generaciones en tres países distintos, en un siglo donde prácticamente no hemos podido disfrutar de la libertad o la democracia. Eso, a la vez, es mi mayor fortaleza y motivación para seguir sirviéndole a Venezuela, y para que mis hijos puedan disfrutar de una nación segura, justa, con libertad, donde abunden las oportunidades”, dice Smolansky desde Estados Unidos.

Smolansky presentará durante el primer trimestre de 2019 el informe sobre la situación de los migrantes venezolanos que elabora para la OEA. Algunos de los números y datos que ha recolectado hasta ahora: un tercio de los migrantes tiene problemas de desnutrición, 100 mil son portadores de VIH; la reaparición de enfermedades como malaria, difteria o tuberculosis; necesidades de asistencia legal y problemas de desinformación, brotes de xenofobia en algunos países receptores.

Ante la crisis migratoria, dice Smolansky, hay que tener una política de “mano amiga y brazo fuerte”. El brazo fuerte, dice Smolansky, es “denunciar la causa y la raíz de este problema: la dictadura de Nicolás Maduro”. Y la “mano amiga”, dice Smolansky, es “atender y proteger a los migrantes y refugiados venezolanos dure lo que dure esta condición, y que América Latina entienda que integrándolos hay oportunidad para dinamizar sus economías. La mayoría de los venezolanos está llegando con la intención de trabajar, emprender, estudiar, de aportar”. Migrantes como Dayana Sánchez.


Resfríos o balas 

Dayana Sánchez Cherubini, 22 años, periodista, entró en 2017 a la sección política de El Universal, antiguo diario opositor comprado en 2014 por capitales chavistas. Dayana dice que amaba su trabajo, pero el dinero no le alcanzaba, la inseguridad aumentaba y las medicinas escaseaban. “Todos corremos peligro en Venezuela. Si no te mata una gripe, te mata alguien para robarte el teléfono”, cuenta Dayana frente a un jugo de frambuesa en un café de Providencia, en Santiago.

Dayana postuló al programa de la visa de responsabilidad democrática del gobierno de Chile. Fue aprobada. El 24 de septiembre pasado dejó su carrera, sus amigos y abrazó por última vez a su mamá en el aeropuerto de Maiquetía, Caracas. Se instaló en Santiago con planes de ejercer el periodismo, pero mientras, como José y como tantos jóvenes profesionales que partieron, Dayana trabaja en lo que encuentra.

Cuando cuentan sus historias, Dayana y José tienen gestos e inflexiones parecidas: cuando hablan de sus familiares, de lo que pudo ser y no fue, aparecen los silencios, las pausas, los ojos húmedos, las sonrisas resignadas; cuando hablan de las causas de su salida, como dicen en Venezuela, se “arrechan”, se enojan. Una mezcla de ambos sentimientos aparece cuando hablan de sus estudios y de sus trabajos.

Dayana fue la primera de su generación en la Universidad Santa María de Caracas, la carrera de cinco años la terminó en cuatro, trabajó en una radio, después en El Universal. Dayana trabaja ahora como mesera en el Hotel Intercontinental de Vitacura (un barrio de clase alta de Santiago). Sirve sándwiches y jugos, recoge platos y tazas. “El choque es muy duro. Un día estaba con un termo de 10 litros en cada mano sirviendo café, y pensé: ¿por qué hago esto? Antes yo era la que estaba al otro lado. Es duro, muy, muy difícil. No sabes cuántas veces al día extraño mi vida. Pero bueno, estoy tratando de construir otra”, dice Dayana.

Después de seis días de tomar agua y de comer galletas y pan, José llegó a Independencia, un barrio de trabajadores en la zona poniente de la capital chilena, donde unos amigos lo alojaron durante un mes mientras buscaba techo propio y trabajo. José trajo su título de ingeniero y el certificado de su curso de inglés, pero su primer trabajo fue como conserje, luego como mesero y luego, y ahora, como conserje otra vez.

José ríe siempre, conoce y conversa con todos los vecinos, lo aprecian. Es querido. El primer día de trabajo, mientras trapeaba uno de los pisos más altos del edificio, solo, sintió “unas ganas inmensas de llorar”.

“Yo decía, estudié en la universidad, conseguí mi título y ahora estoy aquí limpiando pisos. No puede ser. Llamé a mi mamá y le dije que no podía, que me quería devolver, porque yo no había estudiado para esto, no quería hacer esto. Y ella me dijo: ‘Hijo tienes que ser fuerte, porque de una u otra manera, allá estás mejor que acá’. Y la verdad es que sí, a pesar de que uno extraña todo, todo, todo de allá, la ciudad, la casa, uno prefiere estar aquí”, dice José.

Fanático del béisbol, de las Águilas del Zulia y de los Yankees de Nueva York, uno de los sueños de José es conocer el Yankee Stadium. Pero su sueño no es vivir en Estados Unidos. José piensa en Australia, un país donde no tiene amigos ni familiares: “La verdad, no tengo una razón. Un día me vino la idea, y dije, quiero vivir en Australia. A veces hay que seguir esos impulsos medio inexplicables”. José sabe que salió para no volver en mucho tiempo, sabe también que ahora abre puertas y trapea pisos, pero tiene un título y ganas, y sabe que por mucho que extrañe su país, en Chile, o en Australia, o en otros lugares lejos de Maracaibo, estará mejor.

Su mamá también lo sabe y se lo recuerda siempre, como en un mensaje de voz que José muestra:

“Doy gracias a Dios porque ustedes estén afuera abriendo camino. Ahora nos tocó a nosotros los venezolanos irnos, lo cual significa, m’hijo, que no hay vuelta atrás. Tiene que pensar en echar raíces en el país que usted termine por seleccionar, uno donde haya fuentes de empleo, respeto a los derechos humanos, a las leyes, valores, principios, porque los que había aquí en Venezuela, los acabaron estos chavistas revolucionarios. Y para que esto se recupere, va a pasar tiempo, se necesitará mucha educación, concientización. Y ese tiempo va a significar la pérdida de toda su juventud fuera. Cuando tú seas viejo vas a empezar a ver aquí, otra vez, valores, principios y respecto. Visitarás después Venezuela como hace uno cuando va de turista a otro país”.

Este reportaje contó con la colaboración de El Comercio de Perú y El Nacional de Venezuela.


Encuesta GDA 2018: Trump deja su marca en el mundo y alienta el ascenso del populismo

Personaje Mundial GDA 2018: Donald Trump
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El presidente de Estados Unidos fue elegido por los editores del GDA como Personaje Mundial por tercer año consecutivo.

Rafael Mathus Ruiz
Corresponsal de La Nación/Argentina/GDA

WASHINGTON.- Un día después de que Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos, miles de personas marcharon en Nueva York en contra de su victoria bajo un solo grito: “¡No es mi presidente!”. Juraron resistir, maniatar su gobierno y echarlo de la Casa Blanca con un juicio político.

Pero casi dos años después de tomar las riendas de la primera potencia global, Trump ha sorteado desafíos y logró dejar su huella en el país y el mundo. Y ya no está solo: Trump se transformó en un referente de una nueva generación de líderes populistas que trastoca el orden liberal de Occidente.

En Brasil, Jair Bolsonaro fue apodado el “Trump tropical”; en México, Andrés Manuel López Obrador recibió el mote de “el Trump mexicano”; el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, cabeza de un gobierno xenófobo, fue a ver a Trump a la Casa Blanca y proclamó: “Italia y Estados Unidos son países gemelos”. Steve Bannon, estratega de la campaña presidencial de 2016 del magnate, dijo este año en Budapest que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, fue “Trump antes de Trump”.

“Trump no es ni el primer líder populista ni será el último, pero el hecho de que ostente el poder en la mayor potencia mundial, un país donde además el fenómeno del populismo no estaba tan arraigado, ha hecho de que se perciba como un parteaguas, al punto que otros populistas como Rodrigo Duterte, Bolsonaro o López Obrador se analizan a la luz de Trump”, graficó Juan Carlos Hidalgo, analista del Instituto Cato, un centro de estudios libertario de Washington.

“Trump envalentonó a los populistas. Si el populismo puede ser exitoso en Estados Unidos, ¿cómo no podría serlo en países con instituciones más débiles?”, preguntó.

Ningún populismo es igual a otro. De hecho, algunos están en las antípodas de otros. Pero los líderes populistas comparten algunos rasgos. Trump, al terminar de imponer su estilo en Estados Unidos, la democracia más longeva del planeta, se convirtió, según el analista mexicano Carlos Bravo Regidor, en un símbolo de un fenómeno que lo antecede, y que, quizá, lo sobrevivirá: la ruptura política del consenso neoliberal.

Antes de que asumiera la presidencia, muchos confiaban en que la solidez institucional de Estados Unidos le impondría límites a Trump. Y, de hecho, la Justicia y el Congreso le han impedido ir más lejos. Pero, así y todo, Trump logró cambios duraderos y marcó la agenda global.

En Estados Unidos, Trump ya nombró más de 80 jueces federales -más que Barack Obama y George W. Bush juntos en el mismo lapso de sus respectivos primeros mandatos-.

Trump cumplió un viejo anhelo de la derecha norteamericana al quebrar el equilibrio ideológico de la Corte Suprema de Justicia con la designación del juez Brett Kavanaugh, acusado de abuso sexual. Estiró la bonanza económica que heredó de Obama con sus recortes de impuestos, hechos a medida del “1%” más rico, y su batería de cambios regulatorios. El desempleo cayó al 3,7%, el más bajo en medio siglo. Y atenazó con una dureza inédita la política migratoria, uno de los pilares de su campaña. Por primera vez, Estados Unidos separó a hijos y padres migrantes, un intento por frenar las “caravanas” desde América Central, a las que vinculó al delito, el terrorismo y tildó de “invasión”.

En el mundo, Trump impuso su visión: socavó el multilateralismo, la lucha contra el cambio climático, la defensa de los derechos humanos y la libertad de prensa. Dejó más desprotegidos a los refugiados. Abrió una guerra comercial con China y borró la palabra “proteccionismo” del mensaje del G-20 en su cumbre en Buenos Aires. No dudó en pelearse con aliados históricos de Washington, ni en tenderle una mano a autócratas como el norcoreano Kim Jong-un, Duterte o el príncipe heredero saudita, Mohammed ben Salman. Con el presidente ruso, Vladimir Putin, pasó del amor al hielo: se reunió en Helsinski y lo deslindó de cualquier responsabilidad por el Rusiagate –en Washington lo acusaron de traición–, pero luego lo dejó plantado en el G-20 en Buenos Aires.

Trump sufrió un fuerte revés con la derrota del oficialismo en las elecciones legislativas del mes pasado, que dejaron un Congreso dividido. Pero sus índices de aprobación cierran el año en cerca del 40%. Trump reforzó su alianza con su “base” y profundizó la grieta: denostado por los demócratas, su respaldo muestra pocas fisuras entre los republicanos.

“Hay dos cosas que hacen que Trump sea Trump. Habla directamente con su base, y realmente no le importa si incluye a otros en la conversación o no. Eso es muy novedoso. No ha hecho absolutamente ningún esfuerzo por atraer a nadie. Solo le importa la base, y está muy claro que solo se preocupa por la base”, definió Monica De Bolle, analista del Instituto Peterson de Economía Internacional y directora de Estudios Latinoamericanos de la Universidad John Hopkins, en Washington.

De Bolle cree que Trump validó la polarización como estrategia política, y ve con cierto temor la propagación de su estilo en América latina. En Estados Unidos, argumenta, los equilibrios institucionales y los mecanismos de control han sido debilitados, pero siguen ahí.
  
“Lo que temo es que en nuestra región no sea tanto así porque nuestras instituciones no son tan fuertes y nuestras democracias son muy jóvenes, y todos tuvimos tendencias autoritarias en todas partes en el pasado muy reciente”, apuntó. “Mi sensación es que no estoy tan segura de si nuestras democracias, donde están ahora, pueden o no resistir las tácticas trumpistas. Estados Unidos puede. No tengo dudas al respecto. Otros, no estoy tan segura”, concluyó.

Shannon O’Neil, analista sobre América latina del Consejo de Relaciones Exteriores, trazó una línea similar entre Trump y las últimas elecciones presidenciales en México, Costa Rica y Brasil. O’Neil cree que el estilo del magnate influyó en esas contiendas, sobre todo la idea de presentarse como una figura ajena al estabishment, un outsider que va en contra de las estructuras del poder.

“Él validó la idea ir contra el sistema, sea lo que sea eso. Lo validó porque ganó, usó eso, y todos decían que iba a perder. Lo mismo con Bolsonaro, quien de ninguna manera iba a ganar. Pero ganó porque creo que la gente estaba cansada de las mismas características viejas, y los mismos enfoques. Querían algo diferente. Lo mismo en México, lo mismo en Italia. Esta idea de querer a alguien que sacuda las cosas”, afirmó.

Para O’Neil, Trump generó otro impacto para varios países de la región: “Es el centro de la política exterior, lo quieran o no”, señaló.

Mauricio Macri le pidió su respaldo en el Fondo Monetario Internacional (FMI). México y Canadá renegociaron su acuerdo de libre comercio para salvarlo (y el expresidente mexicano Enrique Peña Nieto terminó dándole la Orden del Águila Azteca a Jared Kushner, yerno de Trump, antes de irse). El prometido y demorado “muro” de Trump fue un punto de fricción en el vínculo bilateral con México, el cual, así y todo, sigue siendo el más profundo y estrecho que Estados Unidos tiene con la región. Colombia, otra relación estratégica, invitó a Trump dos veces, y dos veces el magnate canceló. Y Bolsonaro se perfila para ser “el nuevo mejor amigo de Trump en la región”, dijo O’Neil. Con Trump en el poder, Cuba, Venezuela y Nicaragua sienten con mayor rigor el yugo de Washington.

Pero las conversaciones sobre Trump terminan por girar en torno a su estilo.

Bravo Regidor dijo que Trump ha enviado “señales muy claras” sobre qué comportamientos son aceptables y cuáles no, y al hacerlo logró “bajar la vara” y señalar un rumbo para empoderar a los Orban, Le Pen y Duterte del mundo. “El estilo no es propiamente de Trump, es el estilo de esas figuras dadas las condiciones e idiosincracias de cada país”, indicó.
  
“Si el presidente de Estados Unidos miente deliberadamente, si es abiertamente xenófobo o tiene actitudes evidentemente racistas, si no condena de inmediato e inequívocamente actos que deben ser repudiados sin condiciones, como, por ejemplo, agresiones contra la prensa. En fin, si el presidente norteamericano se permite eso, otros líderes con esas mismas inclinaciones se envalentonan y, sobre todo, dejan de pensar que Estados Unidos puede reaccionar en contra, como lo supondrían, desde luego, si el presidente se comportara de otra manera”, apuntó Bravo Regidor.  
  
La preocupación de fondo toca a los derechos humanos.
  
“Estados Unidos siempre ha tenido una suerte de doble moral, desde luego. Pero, al mismo tiempo, constituía una fuente de presión implícita. Casi diría un contrapeso, ciertamente selectivo, pero contrapeso al fin”, dijo Bravo Regidor, y profundizó: “El contrapeso que la mirada reprobatoria y el dedo flamígero de Estados Unidos podían representar en cuestión de derechos humanos ya no está, ya no existe. Y eso, a la larga, se va a dejar sentir en la región. Creo, de hecho, que ya lo está haciendo”.  
 
Trump avanza en busca de la reelección en 2020. Los demócratas buscarán cerrar su propia grieta interna entre quienes apuestan a un mensaje moderado, y quienes quieren correr el partido hacia la izquierda. Aún carecen de un líder nítido. Y Trump tiene que atravesar aún los últimos años de su mandato con un Congreso dividido que promete poner la lupa en su entorno y, quizá, sus finanzas personales, y una economía que, tras una década de expansión, parece comenzar a mostrar síntomas de fatiga.

Por encima de todo, Trump aún tiene que atravesar ileso el acecho latente de la investigación del Rusiagate en manos del fiscal especial, Robert Mueller. Trump ha dicho, una y otra vez, que se trata de una “caza de brujas”. Mueller ya presentó cargos contra 33 personas –entre ellas, 25 ciudadanos rusos– y tres empresas rusas. Y aún debe dar su última palabra.

Encuesta GDA 2018: Un año de elecciones, controversias y populismo, y más por venir en 2019


Christoper Sabatini* - Especial para el GDA

Elecciones en Colombia, México, Brasil, “comicios” y una crisis humanitaria en Venezuela, el segundo año de la administración del Presidente estadounidense Donald J. Trump y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Canadá, México y Estados Unidos; ha sido un año de movimientos y de potenciales cambios radicales en el hemisferio occidental.

Mientras algunos han descrito los resultados electorales como una señal de que la “marea  rosa” de fines de los 90 y principios de la década de 2000 desaparece lentamente, en realidad están ocurriendo cambios más profundos. Las elecciones en México y Brasil llevaron a la Presidencia a candidatos que se presentaron ante el electorado como los outsider. A pesar de que llevan décadas en la política, Andrés Manuel López Obrador en México y Jair Bolsonaro en Brasil aprovecharon una ola de descontento popular ante la corrupción,  prometiendo cambios abruptos para asegurar su victoria en las urnas. 

Sus estilos personalistas, sin embargo, presagian una consolidación del poder bajo su autoridad, mientras que sus propuestas para abordar temas complejos, como la seguridad y la corrupción, son imprecisas y carecen de una hoja de ruta que indique cómo se van a enfrentar estas dificultades. Pero más problemática es la tendencia que ambos comparten de hablar sobre un cambio constitucional y su intolerancia ante las críticas y ante la oposición, la que presenciamos durante sus campañas y sus anteriores cargos públicos.

Además de los cambios electorales, sin duda el evento que ha marcado el año es el éxodo venezolano. Según Naciones Unidas, más de 3 millones de personas han huido del desastre humanitario del país causado por las fallidas políticas económicas del Presidente Nicolás Maduro. Más de un millón de esos venezolanos se han refugiado en Colombia y cerca de medio millón en Perú. Brasil, Chile, Argentina, Ecuador y Trinidad y Tobago también han recibido a las víctimas del colapso económico y se espera que muchos más soliciten refugio en países aledaños, con cada vez menos probabilidades de retornar a Venezuela, incluso con una salida pacífica del actual régimen, lo que plantea el enorme desafío de integrar a los refugiados venezolanos en todos los ámbitos sociales como un ciudadano más, al tiempo que se enfrenta la amenaza de una eventual reacción nacionalista en los países receptores.

El factor más importante que determinará tanto el futuro de la política latinoamericana como las relaciones interamericanas, será el populismo que emergió en 2018 y que probablemente continuará el año próximo. A medida que se acerca una nueva ronda de elecciones en 2019, una reacción similar en aquellos países que comenzarán su proceso electoral es muy factible.

En El Salvador el candidato outsider Nayib Bukele, quien se presenta repudiando al sistema político (¿suena familiar?) es el favorito para las elecciones presidenciales de febrero. En Argentina, el Presidente Mauricio Macri enfrenta una batalla cuesta arriba por su reelección en octubre debido a la crisis económica, pero con una oposición complicada por un escándalo de corrupción que involucra a su principal líder, la exmandataria Cristina Fernández.

Por otro lado, las elecciones en Uruguay, en donde el Frente Amplio ha ocupado el poder durante 15 años consecutivos, podrían llevar a una alternancia política tranquila. No es el caso de los comicios en Bolivia, que se realizarán el mismo mes y que representan un desafío distinto. En ese país, el Presidente Evo Morales se ha rehusado a aceptar los resultados de un referéndum popular que rechazó su propuesta de buscar un cuarto mandato consecutivo. El Tribunal Electoral —bajo presión de Morales— ignoró los resultados y el Presidente competirá una vez más. Pero con la opinión pública en su contra, solamente a través de elecciones libres y justas, el mandatario y el país podrían encontrar una salida pacífica y democrática después de 13 años de gobierno de su Movimiento al Socialismo (MAS).

Así como el 2018 fue aparentemente el retorno de la derecha latinoamericana, puede que 2019 sea el año de una reacción populista alimentada por la frustración y la rabia ciudadana, con efectos inciertos y probablemente desestabilizadores, tanto en las democracias de la región y en los gobiernos electos. Mucho dependerá de cuánto los funcionarios públicos y la justicia respondan a las demandas populares y a los resultados de los comicios.

Afortunadamente, la región aún vive —a excepción de Cuba, Venezuela y Nicaragua— en  democracia y, con todas sus fallas, eso es una buena noticia. Como podemos atestiguar en Ecuador, las elecciones pueden generar un cambio democrático para corregir el rumbo hacia la defensa de las instituciones liberales, como se ha visto con la administración del Presidente Lenín Moreno. Otro ejemplo es Colombia, en donde a pesar de las rivalidades personales y partidistas, garantizar mayor seguridad y continuar el camino hacia la paz es una prioridad, tanto para la administración actual como para los gobiernos sucesivos. Al final, abordar los desafíos de la democracia solo puede lograrse a través de la alternancia pacífica, que a la vez garantiza la supervivencia de la propia democracia.

*Christopher Sabatini, profesor adjunto de la Universidad de Columbia, director ejecutivo de Global Americans y miembro no residente del Instituto Baker de la Universidad Rice.