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22.12.13

Reflexiones sobre las noticias GDA del 2013 / Análisis


El problema en Venezuela no es un autoritarismo plebiscitario, sino el deterioro de la autoridad.

ARTURO VALENZUELA* para GDA
La encuesta del GDA destaca tres hechos importantes que lideran las noticias del año: la muerte de Hugo Chávez y la llegada de Nicolás Maduro al poder en Venezuela; el proceso de paz con las Farc en Colombia; y la elección del papa Francisco.
La muerte de Chávez, sin lugar a duda, marca un hito importante, no solo para Venezuela sino para todo el continente. Por su autoridad carismática y capacidad de doblegar a sus adversarios Chávez logró hegemonizar el poder en Venezuela al tiempo que, con la ayuda de la diplomacia petrolera, pudo establecer un liderazgo regional basado en una fuerte corriente de nacionalismo antinorteamericano.
Su desaparición, cuando el modelo económico Venezolano daba señales de crisis, abrió la oportunidad para un giro en el país hacia una política más moderada y de apertura en busca de un proceso de reconciliación nacional, al tiempo que la oposición política asentaba una postura más realista en búsqueda de una participación en el proceso político, en vez de privilegiar una estrategia de cambio de régimen por vías de la desobediencia civil o el golpe de Estado.
Desgraciadamente, Maduro, reflejando su propia debilidad política en las esferas del chavismo, y las incoherencias de un régimen que había perdido el liderazgo personalista, optó más por la confrontación que por la reconciliación, agravando la polarización y agudizando las contradicciones de una economía en franco deterioro y una autoridad política que no ha podido darle respuesta a la creciente inseguridad ciudadana provocada por la criminalidad y los altos niveles de corrupción.
La embestida en contra del sector privado –al tiempo que las ganancias del petróleo han bajado en forma dramática– deja al país en una situación de gran vulnerabilidad. El problema en Venezuela no es el peligro de un autoritarismo plebiscitario, sino el deterioro de la autoridad. En este cuadro, su liderazgo regional ha caído en forma dramática, sembrando serias dudas sobre el futuro del socialismo del siglo XXI para la región.
Es una ironía histórica, por la difícil relación bilateral entre Venezuela y Colombia y el abierto apoyo a la insurgencia colombiana que marcó la gestión chavista, que sea este último país el que haya establecido un prometedor proceso de paz que busca terminar con los remanentes del conflicto histórico que lo ha marcado desde el comienzo de la Guerra Fría, con antecedentes de aun más larga data.
Al buscar ponerle fin a ese conflicto, al tiempo que intenta darle una solución al problema de la tenencia de tierra y reparaciones para las víctimas, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos ha mostrado una altura de mira que es un loable ejemplo para la región.
Aunque sea difícil lograr la plena reconciliación, el país solo puede avanzar si las recriminaciones históricas dan paso a un proceso que permita la convivencia en bien de la construcción de un país donde todos puedan aportar.
Es justamente ese espíritu basado en la búsqueda de la reconciliación y la paz, el reconocimiento de las persistentes injusticias en el mundo y la necesidad de acercar a la Iglesia a los más desposeídos lo que ha animado la labor pastoral del nuevo pontífice, marcando distancia con una Iglesia excesivamente burocrática y jerárquica que a veces buscaba defender a ultranza dogmas y actitudes que tienen poco que ver con la vivencia de gran parte de la humanidad hoy.
Al tiempo que el papa Francisco intenta reivindicar la opción por los pobres y una mayor tolerancia social, puede también dar la pauta de que los países que progresan son los que buscan cómo profundizar las instituciones apegadas al estado de derecho y la solución pacífica y consensuada de los diferendos nacionales.
La tarea del nuevo papa es inmensa, no solo con relación a la labor evangelizadora de la Iglesia y en bien de la comunidad, sino también en la búsqueda de una reforma de la propia Iglesia, donde temas tan difíciles como el del celibato eclesiástico y el papel de la mujer son fundamentales para adecuar una institución que mantiene elementos que a la luz del siglo XXI son medievales.

* Profesor titular de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Georgetown University y asesor para América Latina de la firma de abogados Covington & Burling.